Revista Iberoamericana de Derecho, Cultura y Ambiente

Revista Iberoamericana de Derecho, Cultura y Ambiente
RIDCA - Edición Nº9 - Geopolítica y Relaciones Internacionales

Carlos A. Vera Bordaberry Zalazar y Sergio Skobalsky. Directores

Julio de 2026

Entre el escudo de washington y la caja de pekín: el giro a la derecha suramericano y la asfixia de la autonomía en el nuevo orden multipolar

Between Washington’s Shield and Beijing’s Treasury: The South American Right-Wing Turn and the Suffocation of Autonomy in the New Multipolar Order.

Entre o escudo de Washington e o caixa de Pequim: A guinada à direita sul-americana e a asfixia da autonomia na nova ordem multipolar.

Por Oscar Armanelli

https://orcid.org/0009-0008-4396-6047

 

Abstract.

El presente artículo analiza la transición estratégica de Sudamérica durante el período 2015–2026, tomando como punto de partida histórico las matrices del pensamiento geopolítico descritas por Fornillo (2015). Mediante un enfoque cualitativo descriptivo-explicativo se examina cómo la región pasó de una geopolítica crítica integracionista centrada en la soberanía de sus bienes comunes a verse fragmentada por un marcado giro a la derecha liberal-conservadora y securitista en el Cono Sur, consolidado en junio de 2026. El estudio demuestra que el desmantelamiento y parálisis de plataformas de integración regional como la UNASUR ha forzado a los Estados a dinámicas de supervivencia individualistas y transaccionales. Esta inserción periférica instaura una esquizofrenia estructural en las élites regionales, atrapadas en un juego de suma cero entre un “escudo de seguridad» político-militar alineado automáticamente al «Corolario Trump» de la National Security Strategy y la National Defense Strategy de Estados Unidos, y una caja económica vitalmente dependiente del flujo financiero y la exportación de commodities reprimarizados hacia Pekín. Se concluye que las presiones sistémicas globales de la disputa por el prestigio y la maximización racional del poder asfixian las capacidades de autonomía regional, operando el retorno exógeno del hambre de espacio vital sobre la plataforma ecológica suramericana.

 

Palabras clave: Geopolítica crítica, Autonomía regional, Giro a la derecha, Escudo versus Caja, Esquizofrenia estructural.

 

Abstract

This article analyzes South America’s strategic transition during the 2015–2026 period, taking as its historical starting point the geopolitical thought matrices described by Fornillo (2015). Through a qualitative, descriptive-explanatory approach, it examines how the region shifted from an integrationist critical geopolitics centered on the sovereignty of its common goods to becoming fragmented by a sharp liberal-conservative and securitist right-wing turn in the Southern Cone, consolidated in June 2026. The study demonstrates that the dismantling and paralysis of regional integration platforms such as UNASUR have forced states into individualistic and transactional survival dynamics. This peripheral insertion establishes a structural schizophrenia within regional elites, who are caught in a zero-sum game between a political-military «security shield» automatically aligned with the «Trump Corollary» of the United States’ National Security Strategy and National Defense Strategy, and an economic «treasury» vitally dependent on financial flows and the export of reprimarized commodities to Beijing. The study concludes that global systemic pressures stemming from the dispute over prestige and the rational maximization of power suffocate regional autonomy capacities, driving the exogenous return of the hunger for vital space over the South American ecological platform.

 

Keywords: Critical geopolitics, Regional autonomy, Right-wing turn, Shield versus Treasury, Structural schizophrenia.

 

Resumo

O presente artigo analisa a transição estratégica da América do Sul durante o período 2015–2026, tomando como ponto de partida histórico as matrizes do pensamento geopolítico descritas por Fornillo (2015). Mediante uma abordagem qualitativa descritivo-explicativa, examina-se como a região passou de uma geopolítica crítica integracionista centrada na soberania dos seus bens comuns para se ver fragmentada por uma marcante guinada à direita liberal-conservadora e securitista no Cone Sul, consolidada em junho de 2026. O estudo demonstra que o desmantelamento e a paralisia de plataformas de integração regional, como a UNASUR, forçaram os Estados a dinâmicas de sobrevivência individualistas e transacionais. Esta inserção periférica instaura uma esquizofrenia estrutural nas elites regionais, aprisionadas em um jogo de soma zero entre um «escudo de segurança» político-militar alinhado automaticamente ao «Corolário Trump» da National Security Strategy e da National Defense Strategy dos Estados Unidos, e um caixa econômico vitalmente dependente do fluxo financeiro e da exportação de commodities reprimarizadas para Pequim. Conclui-se que as pressões sistêmicas globais da disputa pelo prestígio e da maximização racional do poder asfixiam as capacidades de autonomia regional, operando o retorno exógeno da fome de espaço vital sobre a plataforma ecológica sul-americana.

 

Palavras-chave: Geopolítica crítica, Autonomia regional, Guinada à direita, Escudo versus Caixa, Esquizofrenia estrutural.

 

  1. Introducción

La disciplina geopolítica en Sudamérica posee una prolongada y robusta tradición que, paradójicamente, ha adolecido de una correlativa sistematización teórica dentro del campo de las ciencias sociales contemporáneas. Históricamente catalogada como una “subdisciplina sin fronteras claras”, la geopolítica carece de un armazón categorial estrictamente propio y opera de manera epistemológicamente híbrida, tomando prestados conceptos de la ciencia política, las relaciones internacionales, la geografía, la economía y la historia. Sin embargo, a diferencia de las corrientes formalistas de la diplomacia o el perfil cientificista de las relaciones internacionales tradicionales, la geopolítica actúa en el hemisferio sur como el inconsciente reprimido del engrandecimiento del Estado, un campo eminentemente prescriptivo que sirve como caja de herramientas e instrumentación directa para la toma de decisiones medulares respecto al desarrollo interno, la proyección territorial y las dinámicas vecinales.

En su estudio seminal, Bruno Fornillo (2015) en su artículo “Centralidad y permanencia del pensamiento geopolítico en la historia reciente de Sudamérica (1944-2015)”, ofrece un mapa de ruta indispensable para comprender esta trayectoria en la historia reciente de la región, dividiendo el derrotero geopolítico en tres grandes matrices analíticas. La primera, de carácter estadocéntrico y militar-desarrollista (1944-1964), se fundó sobre un pathos organicista donde la variable geográfica se ligó a la política de Estado para blindar el “interés nacional” bajo el imperativo de engrandecerse o perecer, consolidando un capitalismo de Estado colosal que diferenció la práctica regional de las corrientes del norte global. La segunda matriz, abierta tras la Revolución Cubana, reescribió la gramática disciplinar a través de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) patrocinada por Washington, sustituyendo la “defensa nacional” por la persecución del “enemigo interno” mediante fronteras ideológicas. Finalmente, el repliegue militar de los años 80 y el posterior ciclo progresista de inicios del siglo XXI catalizaron la emergencia de una “geopolítica crítica”; esta vertiente, nutrida por la geografía crítica y la ecología política, expandió el instrumental analítico hacia los conflictos ecoterritoriales en torno a los bienes comunes (agua, minerales, hidrocarburos) y las narrativas de integración regional autonómica (v.g., UNASUR).

No obstante, hacia el final de su marco temporal desde 1944 a 2015, Fornillo (2015, p. 140) ya advertía un agudo resquebrajamiento interno en el campo de la crítica, tensionado entre el racionalismo pragmático del desarrollo productivista estatal y las demandas socioambientales de los movimientos sociales. Al arribar al escenario contemporáneo de 2026, dicha fractura interna ha sido absorbida por una dinámica globalizante y sistémica de mayor intensidad. En la última década (2015-2026), Sudamérica ha transitado de un debate enfocado en sus tensiones productivas y capacidades internas a verse drásticamente determinada por variables exógenas, como la guerra comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China, la erupción de conflictos bélicos simultáneos a escala global (Rusia-Ucrania, Medio Oriente-Irán) y la reorientación estratégica del Pentágono a través de la National Security Strategy (NSS 2025) y la National Defense Strategy (NDS 2026).

Este escenario de presión multipolar coincide con un marcado giro político hacia la derecha en el Cono Sur, el cual ha neutralizado los bloques de integración autonómica y ha reinstaurado lógicas securitistas y punitivas de control territorial internas. Se configura de este modo una esquizofrenia estructural en las nuevas élites gobernantes suramericanas, atrapadas en una contradicción existencial, mientras su aparato de seguridad pública y defensa se alinea de forma automática con el “Corolario Trump” de la NSS 2025 de Washington, su viabilidad económica y comercial permanece atada a la exportación de commodities hacia la caja de Pekín.

Tomando como punto de partida y anclaje teórico el marco histórico provisto por Fornillo (2015), que analizo entre 1944-2015; el presente artículo se propone analizar cómo este nuevo ecosistema político y estratégico asfixia los márgenes de autonomía regional en el período 2015-2026.

El año 2015 marca el fin de la era dorada del progresismo sudamericano y el inicio del desmantelamiento de ese «Multilateralismo Autonómico». El hito fundamental de fines de 2015 fue el cambio de gobierno en Argentina, seguido por el proceso de impeachment en Brasil (2016). Estos nuevos gobiernos de centroderecha/derecha le quitaron el soporte ideológico y financiero a la UNASUR, dejándola en una crisis de gobernabilidad crónica que estallaría formalmente en 2017 al quedar acéfala la Secretaría General. (Sanahuja, 2019, p 16).

Para ello proponemos la siguiente pregunta de investigación: ¿De qué manera el marcado giro político hacia la derecha en Sudamérica y la adopción de las directrices de seguridad hemisférica de la National Security Strategy (NSS 2025) de Estados Unidos han reconfigurado los márgenes de autonomía y los mecanismos de integración regional frente a la disputa geoeconómica y tecnológica con China por los recursos estratégicos del Cono Sur en el período 2015–2026?

A través de un enfoque cualitativo, se examinará si la actual inserción fragmentada y transaccional de los Estados suramericanos condena a la plataforma subcontinental a operar meramente como un codiciado espacio vital para las potencias globales, clausurando definitivamente las capacidades de desarrollo soberano sobre sus territorios.

Ello nos lleva a plasmar la siguiente hipótesis: el marcado giro hacia la derecha en el mapa político de Sudamérica durante el período 2015–2026 ha desarticulado los proyectos de una “geopolítica crítica integracionista” autonómica (tales como la UNASUR). Al subsumir las agendas locales en una versión renovada de la Doctrina de Seguridad Nacional alineada al “Corolario Trump” de la NSS 2025, los gobiernos de la región han generado una esquizofrenia estructural en sus élites; mientras el aparato político-militar se acopla a las exigencias de seguridad y exclusión tecnológica de Washington, la viabilidad financiera de los Estados permanece existencialmente dependiente de la exportación de commodities hacia China. Como consecuencia, esta inserción transaccional y fragmentada reduce drásticamente las capacidades de negociación soberana y clausura las posibilidades de un desarrollo endógeno sobre los bienes comunes y ecológicos de la plataforma suramericana.

El presente estudio se inscribe dentro de un enfoque cualitativo, de carácter descriptivo-explicativo y base histórico-hermenéutica. El objetivo primordial es analizar el derrotero del pensamiento geopolítico en Sudamérica y su interrelación con los virajes político-ideológicos locales y las presiones sistémicas globales en la ventana temporal 2015–2026, tomando como punto de partida del artículo de Fornillo (2015). Al tratarse de una investigación cualitativa, no se busca la medición estadística de los fenómenos, sino la comprensión profunda de los discursos estratégicos, las lógicas de poder subyacentes y la reconstrucción de las matrices de pensamiento que informan la toma de decisiones estatal (Waltz, 1979). Para el análisis utilizamos dos variables independientes y una dependiente. En las variables independientes utilizaremos, por un lado, la disputa global multipolar y la presión sistémica y por el otro lado la orientación política. Como variable dependiente utilizaremos el margen de autonomía y proyección soberana en sudaméricana.

Categoría de análisis

Definición operacional cualitativa

Fuentes de información

Presión sistémica (V.I. 1)

Análisis de las exigencias de decoupling tecnológico y control de recursos por EE. UU. y China.

NSS 2025, NDS 2026.

Giro a la derecha (V.I. 2)

Grado de desarticulación de UNASUR y adopción de agendas punitivas internas de defensa (Fornillo, 2015, pp. 129, 137).

Actas de cancillerías, Discursos presidenciales.

Asfixia de la autonomía (V.D.)

Evidencia de la contradicción entre el escudo de seguridad occidental y la caja económica oriental.

Balanzas comerciales, Acuerdos bilaterales de defensa, Concesiones mineras.

Tabla Nro 1: Variables independiente y dependiente. (Fuente: elaboración propia).

 

  1. Marco teórico

El estudio del espacio suramericano como escenario de disputa estratégica requiere una aproximación epistemológica híbrida que integre de forma densa y transdisciplinar las categorías de la geopolítica y el realismo estructural de las Relaciones Internacionales. Como advierte Fornillo (2015, pp. 119-120), la geopolítica tradicionalmente opera como la “conciencia geográfica del Estado”, un campo problemático de contornos difusos que, lejos de estabilizarse como un discurso teórico abstracto, actúa como una analítica prescriptiva del espacio y un inconsciente reprimido de la voluntad de poder estatal.

El presente marco teórico pretende dar una síntesis muy apretada de las tres matrices geopolíticas enunciadas en la introducción, que recordemos era el interés nacional, la defensa nacional y finalmente narrativa de integración regional autonómica.

2.1. El Estado como organismo y la voluntad de poder en la matriz clásica.

La génesis de la geopolítica en el Cono Sur se encuentra fuertemente deudora de la matriz organicista y naturalista del siglo XIX y principios del XX. Fornillo (2015, p. 122) sitúa el anclaje conceptual primario en la obra fundacional de Rudolf Kjellén (1916), Staten som Lifsform (El Estado como organismo viviente), la cual postula que el Estado es un supe organismo biológico dotado de intereses, instintos y una inmanente voluntad de crecer y de expandirse para asegurar su viabilidad. Esta visión, estrechamente vinculada a las premisas del determinismo geográfico de Friedrich Ratzel y a la noción de Lebensraum (espacio vital) de Karl Haushofer, (Haushofer, citado en Trias, 1967: 20) fue asimilada por el establishment militar suramericano como un mecanismo para poblar y explotar territorios nacionales percibidos como vacíos o no aprovechados. (Fornillo, 2015, pp. 119-120, 122).

En el contexto regional, esta gramática organicista se bifurcó en proyectos de proyección nacional diferenciados pero que compartían la premisa de la expansión interna y la continentalidad. En el caso brasileño, el capitán Mario Travassos ([1933] 1978) tradujo estas nociones en su obra Proyección continental del Brasil, donde delineó un antagonismo espacial frente a Buenos Aires por el control de los “estados tapones” (Bolivia, Paraguay y Uruguay), utilizando el espacio geográfico como un pívot estratégico para vertebrar la masa continental a favor de Itamaraty (Fornillo, 2015, p. 123). Esta línea clásica alcanzó su máxima densidad doctrinaria con el general Golbery do Couto e Silva (1967), quien implementó el concepto de “fronteras vivas” en el marco de la Escuela Superior de Guerra (Fornillo, 2015, pp. 125-126). Para Couto e Silva (1967), el crecimiento económico endógeno y la expansión territorial interna eran imperativos biológicos de la nación, una articulación entre seguridad, espacio y voluntad de poder que configuró un capitalismo de Estado desarrollista singular, marcadamente opuesto a los eufemismos de la política exterior de las potencias del norte global (Fornillo, 2015, pp. 119, 125-126).

2.2. La securitización del territorio: fronteras ideológicas y la DSN.

El marco teórico de la geopolítica clásica experimentó una mutación regresiva y punitiva tras la Revolución Cubana, cuando la administración estadounidense instrumentalizó la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) en toda la región (Fornillo, 2015, p. 129). Desde la perspectiva de las Relaciones Internacionales, este tránsito supuso la subordinación de la geopolítica desarrollista interna a la lógica de la bipolaridad de la Guerra Fría, donde la prioridad estratégica mutó de la defensa nacional fronteriza hacia la persecución del “enemigo interno” (Fornillo, 2015, p. 129).

El exponente analítico paradigmático de esta simbiosis entre organicismo y DSN fue el general de ejército Augusto Pinochet ([1968] 1974) en su obra Geopolítica. Pinochet retomó la tesis ratzeliana del Estado como un organismo viviente integrado por el heartland (núcleo vital), el hinterland (espacio de crecimiento), las comunicaciones y las fronteras, pero supeditó dicha estructura a la necesidad biológica de extirpar el cáncer de la subversión ideológica (Fornillo, 2015, pp. 129-131). El territorio dejó de evaluarse primariamente como un espacio de integración económica andina o amazónica para transformarse en un teatro de operaciones de fronteras ideológicas e intervención discrecional (Fornillo, 2015, pp. 129, 137). La cooperación regional mutó de los proyectos de infraestructura a la coordinación represiva transnacional materializada en el Plan Cóndor, demostrando que la gramática geopolítica clásica poseía la plasticidad necesaria para legitimar el terrorismo de Estado como un mecanismo de conservación biopolítica (Fornillo, 2015, pp. 129, 132).

2.3. El tránsito hacia la geopolítica crítica: recursos, saberes y bienes comunes.

Frente al monolitismo de las derechas castrenses, existió una corriente subterránea que Fornillo (2015, pp. 127, 132) rescata como una geopolítica integracionista, americanista y antiimperialista. Autores vinculados a la izquierda nacional como el uruguayo Vivian Trías (1967), en su libro Imperialismo y geopolítica en América Latina, aplicaron un armazón categorial marxista para denunciar la sujeción de la periferia a la hegemonía estadounidense y al subimperialismo brasileño, proponiendo la integración regional como única vía para la liberación histórica[1].

A partir de la década de 1980, con la retirada militar del poder, se produjo una profunda renovación epistemológica liderada por la geografía crítica brasileña de Milton Santos (1978) y Ruy Moreira (2000), quienes incorporaron la teoría del poder de Foucault y el análisis espacial de Lefebvre (Fornillo, 2015, pp. 133-134). Esta renovación desarticuló la centralidad absoluta del Leviatán estatal en la disciplina y abrió el campo de estudio hacia dimensiones discursivas y multidisciplinares (Fornillo, 2015, pp. 134-135). David Harvey (1985), por su parte, dotó a esta corriente de un anclaje macro-estructural al señalar que el objeto central de la geografía crítica contemporánea consiste en descifrar “las consecuencias geopolíticas de vivir bajo un modo de producción capitalista” (citado en Fornillo, 2015, p. 136).

A inicios del siglo XXI, este enfoque crítico confluyó con la ecología política y las teorías del sistema-mundo para abordar de forma explícita el impacto del “Consenso de los Commodities” y la acumulación por desposesión (Fornillo, 2015, pp. 136, 138). Autores de la corriente antiimperialista como Atilio Borón (2014) y Mónica Bruckmann (2011) teorizaron sobre la voracidad de recursos naturales estratégicos por parte de las potencias globales, proveyendo el sustrato conceptual para los esfuerzos de autonomía integracionista de la UNASUR (Fornillo, 2015, pp. 136-137). Paralelamente, emergió una “geopolítica socioambiental” abocada al estudio de los conflictos ecoterritoriales y una “geopolítica del saber” que, inspirada en las resistencias de las comunidades originarias andinas frente al extractivismo, denunció la violencia epistémica de la racionalidad moderna eurocéntrica (Fornillo, 2015, pp. 138-139).

Hasta aquí las tres matrices que mencionamos en la introducción, pero para entender el estudio dentro de nuestro límite temporal analizamos las siguientes aristas y autores.

2.4. La encrucijada multipolar (2015–2026): interrelación teórica de la asfixia autonómica.

Al proyectar este andamiaje conceptual hacia el año 2026, la fractura interna que Fornillo (2015, p. 140) detectaba en la crítica -ejemplificada en el cisma boliviano provocado por la intervención de Álvaro García Linera (2011) en su obra Geopolítica de la Amazonía, donde defendía el pragmatismo productivista del Estado frente a las demandas indígenas de «Vivir Bien[2]”, ha cobrado una dimensión sistémica e internacional de carácter existencial. Para comprender la fisonomía de la región en 2026, signada por un marcado giro a la derecha y el eclipse de la integración multilateral, es imperativo cruzar las categorías de la geopolítica con el realismo estructural de las Relaciones Internacionales:

a. La estructura y la constricción del sistema.

La parálisis y vaciamiento de bloques regionales autónomos como la UNASUR (Fornillo, 2015, p. 137) confirman la tesis de Kenneth Waltz (1979) respecto a la primacía de la estructura anárquica del sistema internacional. Según Waltz (1979), las presiones sistémicas constriñen la acción de las unidades (Estados), forzándolas a adoptar comportamientos de supervivencia individual y emulación estratégica.

Ante un orden global crecientemente fragmentado y en crisis en 2026, los Estados suramericanos se ven impelidos a abandonar las narrativas populares y la geopolítica de la biodiversidad (Fornillo, 2015, pp. 136, 138) para replegarse hacia un comportamiento puramente transaccional y bilateral, reviviendo la fetichización de la geopolítica clásica como una técnica de control de fronteras y preservación del orden interno (Fornillo, 2015, pp. 129, 132).

b. El realismo ofensivo y la disputa del Heartland

El avance de China sobre las infraestructuras críticas suramericanas y la consecuente reacción de Washington expresada en su National Security Strategy (NSS 2025) y su National Defense Strategy (NDS 2026) operan bajo las leyes del realismo ofensivo de John Mearsheimer (2001), quien argumenta que las grandes potencias son maximizadoras racionales de poder y que su objetivo final es alcanzar la hegemonía regional e impedir que surja un rival hegemónico en otros teatros estratégicos globales.

Bajo la NSS 2025 de EE. UU. y el denominado “Corolario Trump”, el Pentágono abandona la tradición anglosajona de Spykman orientada exclusivamente a impedir un poder terrestre en Eurasia (Fornillo, 2015, pp. 119-120), y re-securitiza el Hemisferio Occidental bajo los supuestos clásicos de la Doctrina Monroe. Para el hegemón estadounidense en 2026, la inserción comercial y tecnológica china en el Cono Sur ya no constituye una variable geoeconómica interindustrial (Fornillo, 2015, p. 139), sino una intromisión directa e inaceptable de una potencia hostil en su zona de influencia exclusiva (Fornillo, 2015, pp. 119, 123) y dentro de los límites del hemisferio (desde Alaska hasta el Estrecho de Magallanes), EE. UU. redefine operacionalmente las amenazas, asumiendo un enfoque punitivo y policial directo que eleva la presión migratoria y el combate al narcoterrorismo a misiones de seguridad nacional prioritarias (NSS, 2025, pp. 34-35; NDS, 2026, p. 12).

c. La jerarquía del prestigio y la esquizofrenia de las élites.

La proliferación de conflictos armados simultáneos en 2026 (Rusia-Ucrania y el conflicto directo con Irán) altera de forma drástica lo que Robert Gilpin (1981) definió en su teoría del cambio internacional como la jerarquía del prestigio. El prestigio es el pilar que sostiene el orden internacional y se revalida a través del desenlace de los conflictos bélicos y la demostración de la capacidad económica y militar.

La asfixia de la neutralidad en Sudamérica responde a esta violenta reconfiguración del prestigio global; las potencias en disputa exigen alineamientos unívocos y coercitivos a la periferia. Esto genera la contradicción o esquizofrenia estructural de las élites suramericanas contemporáneas, el marcado giro político hacia la derecha en la región facilita un alineamiento automático con el escudo de seguridad político-militar de Washington (NSS 2025). No obstante, debido al patrón de especialización reprimarizada heredado del Consenso de los Commodities, la supervivencia fiscal y la balanza de pagos de estos mismos Estados dependen de manera existencial del flujo de exportación de recursos naturales hacia la caja económica de Pekín (Fornillo, 2015, p. 139).

En síntesis, el marco teórico revela que en 2026 la tesis biológica de Kjellén respecto al hambre de espacio regresa de forma cruda, pero ya no operada exclusivamente por las fuerzas armadas locales con fines de engrandecimiento nacional endógeno (Fornillo, 2015, pp. 122, 126, 141), sino por la dinámica estructural de grandes bloques imperiales en pugna por el control de la plataforma ecológica suramericana.

3.     Análisis y discusión de resultados.

El procesamiento del corpus documental mediante el Análisis de Discurso Crítico (ADC) permite contrastar las categorías de análisis operacionalizadas (presión sistémica y giro a la derecha) con la variable dependiente (margen de autonomía) durante el corte temporal 2015–2026.

3.1.         El «Corolario Trump» (NSS 2025) y la resecuritización del hinterland suramericano

El análisis de la National Security Strategy (NSS 2025) y la National Defense Strategy (NDS 2026) evidencia un quiebre respecto a la dispersión de fuerzas del Pentágono descrita en la literatura clásica. Mientras la geopolítica estadounidense tradicional (Spykman, Brzezinski) se enfocaba en el control terrestre del rimland euroasiático para aislar potencias continentales, las directrices contemporáneas de la segunda administración de Donald Trump imponen una re-securitización agresiva del Hemisferio Occidental.

El denominado «Corolario Trump» de la Doctrina Monroe formaliza un enfoque de «realismo flexible». Los textos estratégicos ya no emplean eufemismos de gobernanza multilateral; por el contrario, conceptualizan a Sudamérica como una zona de seguridad nacional directa para los intereses de Washington. Los indicadores cualitativos revelan que la presión sistémica (V.I. 1) opera mediante la exigencia de un desbalance o desvinculación tecnológica (decoupling), penalizando la adopción de redes 5G/6G chinas y forzando la exclusión de Pekín en la concesión de infraestructura crítica (puertos, pasos bioceánicos y estaciones aeroespaciales). La variable geográfica vuelve a ligarse a la seguridad militar, pero esta vez, bajo una lógica de subordinación metropolitana.

3.2.         El giro a la derecha y la desarticulación de la geopolítica integracionista

En el plano de la variable endógena (V.I. 2), el marcado giro a la derecha en el mapa político del Cono Sur ha provocado el eclipse definitivo de las plataformas de integración regional autonómica. La “geopolítica antiimperialista e integracionista” descrita por Fornillo (2015, p. 137), que hallaba su usina institucional en la UNASUR y el ALBA para salvaguardar el valor estratégico de los recursos naturales, ha sido desmantelada por los nuevos gobiernos de la región.

Tras los triunfos de Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella en Perú y Colombia quedan solo dos países democráticos en América Latina gobernados por partidos de izquierda o centroizquierda: Brasil, y Uruguay. En el caso particular de Venezuela, si bien no hubo un cambio de régimen, el mismo es monitoreado por EE.UU., mientras el resto la región está gobernada por distintas variedades de fuerzas de derecha o centroderecha. La elección de Yamandú Orsi en Uruguay, en noviembre de 2024, fue el último triunfo de la centroizquierda en el continente y Brasil en octubre, definirá su destino, como se puede ver en el siguiente mapa.

 

Ver Gráfico Nº1

A partir de esta configuaración política, nos permite relacionar los distintos países agrupados por región geopolítica con la variable independiente  y responder al interrogante de ¿escudo o caja?, según la siguiente tabla:

Región geopolítica

Orientación político-doctrinaria (2026)

Dinámica de seguridad y defensa (V.I. 2)

Inserción en la disputa global: ¿Escudo o Caja?

Eje Andino / Norte

 

(Colombia, Ecuador, Perú)

Giro consolidado a la derecha

 

• Quiebre definitivo de las narrativas populares y socioambientales

• Consolidación del giro regional tras el triunfo de A. de la Espriella en Colombia y de Keiko Fujimori en Perú

Resecuritización punitiva

 

• Retorno a las tesis de la DSN: prioridad en el orden público, control migratorio y combate al narcoterrorismo

 

• Militarización de áreas ricas en recursos estratégicos.

Esquizofrenia Transaccional

 

• Escudo: Alineamiento automático con el «Corolario Trump» de la NSS 2025 de EE. UU.

 

• Caja: Fuerte presión comercial por el flujo de commodities minero-energéticos hacia China

Plataforma del cono Sur

 

(Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay)

Predominio liberal-conservador

 

• Parálisis total y vaciamiento de los bloques de integración autonómica como la UNASUR.

 

• Adopción de agendas bilaterales exclusivas con Washington.

Supervivencia waltziana e individual

 

• Desarticulación de la geopolítica de la cooperación

• Enfoque de las FFAA volcado al control fronterizo estricto y la soberanía marítima convencional.

Juego de suma cero

 

• Escudo: Cooperación militar e interoperabilidad tecnológica bajo las exigencias de exclusión de la NDS 2026 de EE. UU.

 

• Caja: Dependencia existencial del sector agroexportador respecto a las compras de Pekín.

El corazón continental

 

(Brasil)

Pragmatismo de proyección potencia

• Persistencia histórica de la interrelación entre planificación estatal, defensa y desarrollo

 

• Intento de preservación de cuotas de arbitraje regional.

Dispositivo tecnológico autónomo

 

• Búsqueda de una industria de defensa soberana (Estrategia Nacional de Defensa).

 

• Control estratégico y militar del heartland amazónico

Autonomía constreñida

 

• Coacción sistémica (Waltz, 1979).

 

• Se ve obligado a balancear la presión militar y de exclusión de redes 5G/6G de la NSS 2025 frente a su rol como socio estratégico del bloque BRICS y principal receptor de inversiones chinas.

Tabla Nro 2: Análisis entre región geopolítica, orientación política, dinámica de seguridad e inserción en la disputa global. (Fuente: elaboración propia)

 

Los discursos oficiales de los Ministerios de Defensa de la región muestran el abandono de las narrativas populares, colectivas y ecológicas (Fornillo, 2015, p. 136). En su lugar, se verifica el retorno de una Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) renovada: los marcos estatales se abocan prioritariamente al mantenimiento del orden público interno, la criminalización de la protesta social en áreas de alta concentración de recursos y la militarización de las fronteras civiles bajo el imperativo de combatir el narcoterrorismo y los flujos migratorios (Fornillo, 2015, p. 129). La integración ya no se piensa «desde abajo» o como un bloque de defensa común, sino como un ejercicio transaccional y fragmentado donde cada Estado compite de manera individual por el favor de la metrópoli.

El indicador definitivo de la consolidación de esta variable endógena (V.I. 2) se materializó con el reciente triunfo electoral de Abelardo de la Espriella en Colombia en junio de 2026 y de Keiko Fujimori, en Perú. Históricamente, la región andina había operado como el epicentro de la radicalidad popular y las narrativas de la geopolítica del saber frente al colonialismo interno y el extractivismo transnacional (Fornillo, 2015, p. 139). Con el acceso de la Espriella a la presidencia colombiana, se clausura el último bastión de resistencia multilateral autonómica en el norte de Sudamérica, completando una homogeneización ideológica de corte conservador y liberal-securitista en el subcontinente. La retórica de Bogotá abandona de manera inmediata los postulados socioambientales y de protección de bienes comunes para abrazar de forma explícita el lineamiento transaccional de la NSS 2025 de Estados Unidos, priorizando la militarización del control territorial interno y la alineación irrestricta con el libre mercado transatlántico.

El espacio temporal 2015-2026 describe la erosión de un paradigma soberanista, de integración regional y deliberación social, y su reemplazo por un realismo periférico de corte securititario. La matriz (ver gráfico nro 2) sugiere que el orden institucional contemporáneo prioriza el orden público, la alineación geopolítica clásica con Occidente y las garantías para la inversión extractiva por encima de los proyectos de autonomía regional.

Su análisis nos permite analizar que sucedía en el 2015 y que sucede actualmente en el 2026 según los siguientes criterios de análisis:

a) Inserción Internacional: del multilateralismo al bilateralismo

En el 2015 (multilateralismo autonómico), donde representaba el auge (y posterior resistencia) de la arquitectura institucional construida a principios de siglo (UNASUR, MERCOSUR). El enfoque estaba puesto en la concertación política regional sin la tutela de las potencias tradicionales, buscando márgenes de autonomía de decisiones frente al sistema global. En el 2026 (bilateralismo transaccional con Washington), dodnde observamos un quiebre de los bloques regionales en favor de relaciones directas, pragmáticas y de corte coste-beneficio (“transaccional”) con Estados Unidos. La alineación ya no busca la construcción de un polo regional periférico, sino un acoplamiento estratégico subordinado o de alianza directa con el norte global.

b) Modelo de desarrollo y recursos naturales: de los bienes comunes a la resecuritización

En el 2015 (Geopolítica Socioambiental y Bienes Comunes), durante el ciclo previo, el debate orbitaba en torno a la soberanía sobre los recursos estratégicos, entendidos como «bienes comunes» o patrimonio regional. Había un fuerte anclaje en discursos de protección ambiental y agendas sociales vinculadas al territorio. En el 2026 (Resecuritización interna e incentivo al extractivismo), donde la matriz señala un giro donde la explotación de recursos naturales (simbolizada por la torre de extracción petrolera) se vuelve prioritaria para la estabilización macroeconómica. La noción de “resecuritización” implica que la protección y viabilidad de estos enclaves extractivos (minería, litio, hidrocarburos) pasa a ser tratada como un asunto de seguridad nacional o de interés de Estado básico.

 

Ver Gráfico Nº 2

 

3.3.         La esquizofrenia estructural de las élites: escudo versus caja

El hallazgo fundamental del análisis cualitativo reside en la confirmación de la variable dependiente: la asfixia de la autonomía mediante una esquizofrenia estructural. Fornillo (2015, p. 125) explicaba que el engrandecimiento del Estado y el desarrollismo suramericano clásicos (especialmente el caso de Brasil) fueron viables porque las burguesías industriales y las élites castrenses unificaron sus intereses nacionales en torno a la planificación estatal.

En el escenario de 2026, esa síntesis interna se ha roto. Los gobiernos del giro a la derecha operan bajo una contradicción existencial insalvable:

a) El Escudo de Seguridad: Sus afinidades ideológicas, agendas punitivas y estructuras de defensa se subordinan automáticamente a los dictámenes occidentales de la NSS 2025 de EE. UU.

b) La Caja Económica: La base material que sostiene sus Producto Bruto Interno (PBI) y sus balanzas comerciales depende vitalmente del patrón de exportación de commodities primarios (minerales, litio, agroalimentos, hidrocarburos) hacia el mercado de China, profundizando la reprimarización económica descrita por Svampa y Gudynas (citados en Fornillo, 2015, p. 138).

La simultaneidad de los conflictos globales (Ucrania e Irán) presuriza esta contradicción; al elevar el valor geopolítico de los recursos de la región, las potencias exigen definiciones unívocas. La esquizofrenia de las élites les impide formular una neutralidad estratégica o una tercera posición peronista (Fornillo, 2015, p. 124). Sudamérica queda atrapada en un juego de suma cero: acoplarse militarmente a Washington arriesgando el estrangulamiento financiero de Pekín, o ceder infraestructura a China bajo la penalización coercitiva del «Corolario Trump».

El reordenamiento de las alianzas estratégicas (2026), no solo debilita la posibilidad de una agenda de defensa regional coordinada en el marco de la preservación de recursos (Fornillo, 2015, p. 141), sino que intensifica la contradicción estructural de las élites locales. Mientras muchos gobiernos de la región, buscan el amparo político-militar del escudo estadounidense mediante convenios de cooperación punitiva y combate al narcoterrorismo (emulando los postulados biológicos de la antigua DSN descritos por Pinochet [Fornillo, 2015, p. 129]), sus sectores agroindustriales y minero-energéticos continúan presionados por la tracción económica de la caja de Pekín.

El caso de la República Argentina en el escenario de 2026 opera como el emergente empírico más elocuente de esta encrucijada multipolar, materializando la esquizofrenia de las élites en instrumentos de arquitectura financiera internacional. La coexistencia simultánea de un mecanismo de asistencia y líneas de financiamiento recíproco (swap) con la Reserva Federal de los Estados Unidos y, de manera paralela, un tramo activo de intercambio de monedas con el Banco Popular de China, devela de qué forma la coacción estructural del sistema anárquico limita la autonomía de las unidades periféricas (Waltz, 1979). Para Buenos Aires, este doble anclaje no representa una elección de equilibrio estratégico o una reedición de la «tercera posición» autonómica (Fornillo, 2015, p. 124), sino un grillete de supervivencia transaccional de corto plazo. Mientras el swap con Washington funciona como el reaseguro de legitimidad y el «escudo» normativo frente a las exigencias de los organismos multilaterales de crédito occidentales bajo las directrices de la NSS 2025, el swap con Pekín actúa de forma pragmática como la «caja» de liquidez de última instancia indispensable para sostener las reservas del Banco Central frente a la reprimarización de su balanza comercial. Esta dualidad financiera expone de manera cruda los límites del giro liberal-conservador en el Cono Sur, por un lado, la subordinación político-militar al hegemón hemisférico se ve constantemente interpelada por la dependencia existencial de los flujos monetarios y de la tracción económica proveniente de Oriente, institucionalizando la asfixia de la soberanía macroeconómica en la plataforma suramericana.

4.      Conclusiones.

El análisis de la transición geopolítica suramericana en el corte temporal 2015–2026 permite validar la hipótesis de trabajo planteada para este estudio cualitativo. La centralidad y permanencia del pensamiento geopolítico, lejos de desaparecer con el avance de la globalización o el lenguaje técnico de las relaciones internacionales, ha regresado en 2026 bajo su fisonomía más descarnada, la de la disputa interestatal por el control del espacio y los recursos estratégicos (Fornillo, 2015, pp. 119, 121).

A la luz del marco teórico y metodológico implementado, se desprenden tres conclusiones estratégicas fundamentales

  1. Clausura del ciclo autonómico: El marcado giro hacia la derecha en la región no sólo neutralizó las herramientas político-institucionales de la «geopolítica crítica» (v.g., UNASUR), sino que vació de densidad conceptual los debates internos sobre el posdesarrollo y la soberanía socioambiental (Fornillo, 2015, pp. 136, 141). La fragmentación bilateral frente a la NSS 2025 de Estados Unidos ha retrotraído a los Estados del Cono Sur a una lógica de supervivencia individualista (Waltz, 1979), clausurando las capacidades de negociación colectiva frente a los bloques de poder global.
  2. Validación de la esquizofrenia estructural: Las élites gobernantes contemporáneas navegan en una paradoja existencial. La disociación entre el escudo de seguridad de Washington y la caja económica de Pekín confirma que la reprimarización económica derivada del consenso de los commodities opera como un grillete estructural (Fornillo, 2015, p. 138). La falta de una burguesía con proyecto nacional endógeno; a diferencia del modelo pretoriano brasileño de 1964 (Fornillo, 2015, p. 125), condena a la región a una asfixia de su autonomía, donde las decisiones estratégicas se toman bajo la coacción externa y el arbitrio de la disputa por el prestigio internacional (Gilpin, 1981; Mearsheimer, 2001).
  3. El retorno crudo del espacio vital: En el horizonte del año 2026, la tesis seminal de Rudolf Kjellén (1916) respecto al Estado como forma de vida y su intrínseco “hambre de espacio» se verifica de manera exógena. El nuevo multicentrismo imperial del siglo XXI visualiza a los ecosistemas y recursos naturales suramericanos como un espacio vital imprescindible para la transición energética y militar global.

Para el campo de la Ciencia Política regional, el desafío ya no es únicamente formular una geopolítica del saber o teorizar sobre el biocentrismo (Fornillo, 2015, pp. 139, 142). La urgencia radica en diseñar de manera urgente una geoeconomía y una política científico-tecnológica coordinada que permita un aprovechamiento autodeterminado de los potenciales ecológicos locales. Sin un pensamiento geopolítico suramericano unificado y autónomo, la región se encamina a consolidar una dependencia reprimarizada secular, operando una vez más en la historia como el inconsciente reprimido del engrandecimiento de los Estados del norte global.

En el siglo XXI, la coyuntura latinoamericana abrió un debate sobre el pensamiento crítico y la soberanía regional frente a las potencias globales (Bruckmann, 2011). Surgió una fuerte tensión interna en los gobiernos de la región: la necesidad de defender los recursos estratégicos como la Amazonía, la hidrovía Paraná-Paraguay, el Atlántico Sur, las reservas petroleras de Venezuela, por citar algunos ejemplos; frente a intereses transnacionales, contrapuesta a las dinámicas del propio desarrollismo estatal y el extractivismo (García Linera, 2011). Finalmente, este devenir histórico desemboca en el escenario actual de 2026, caracterizado por una profunda reconfiguración ideológica en el mapa político sudamericano. El reciente triunfo de liderazgos de derecha radical, consolida un giro geopolítico hacia enfoques securitistas y una fragmentación del tablero de integración regional (Bovone, 2026).

 

Referencias bibliográficas

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Bovone, G. (2026, 22 de junio). Así quedó el mapa político de América del Sur tras el triunfo de Abelardo de la Espriella en Colombia. La Nación. https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/asi-quedo-el-mapa-politico-de-america-del-sur-tras-el-triunfo-de-abelardo-de-la-espriella-en-nid21062026/

Bruckmann, M. (2011). O inventamos o erramos: La nueva coyuntura latinoamericana y el pensamiento crítico [Tesis de doctorado, Universidad Federal Fluminense].

Couto e Silva, G. (1967). Geopolítica do Brasil. Olympio.

Fornillo, B. (2015). Centralidad y permanencia del pensamiento geopolítico en la historia reciente de Sudamérica (1944-2015). Estudios Sociales del Estado, 1(2), 118–148.

García Linera, Á. (2011). Geopolítica de la Amazonía. Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.

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Harvey, D. (1985). The geopolitics of capitalism. En D. Gregory & J. Urry (Eds.), Social relations and spatial structures (pp. 128-163). Macmillan.

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Mearsheimer, J. (2001). The tragedy of Great Power politics. W. W. Norton & Company.

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Pinochet, A. (1974). Geopolítica. Andrés Bello. (Obra original publicada en 1968).

Santos, M. (1978). Por uma geografia nova. Hucitec.

Sanahuja, J. A. (2019). La crisis de la integración regional en América Latina: Del «multilateralismo postliberal» al giro nacionalista y securitario. Pensamiento Propio, (49-50), 15–42.

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Waltz, K. (1979). Theory of international politics. McGraw-Hill.

[1] Hasta podría pensarse que las teorías sociológicas más importantes de Sudamérica son estructuras teóricas que no están exentas de una “imaginación teórica” soportada en dinámicas espaciales, geopolíticas y geoeconómicas: centro-periferia; dependencia-desarrollo y también: “imperialismo”, “sub-imperialismo”, “colonialismo”.

[2] En Bolivia (Vivir Bien / Suma Qamaña): Es el escenario exacto que cita Fornillo (2015, p. 140) para demostrar la fractura de la geopolítica crítica. Allí, un bloque de intelectuales indígenas y movimientos sociales acusó al gobierno de Evo Morales de consolidar el extractivismo y traicionar el proceso de cambio, provocando la respuesta teórica del vicepresidente Álvaro García Linera en su libro Geopolítica de la Amazonía (2011), donde defendió la necesidad del productivismo estatal para combatir la pobreza.

En Ecuador (Buen Vivir / Sumak Kawsay): Aunque conceptualmente es hermano del modelo boliviano y comparte las mismas raíces de las cosmovisiones originarias andinas frente al desarrollo occidental, formalmente se tradujo en las políticas de planificación de la Revolución Ciudadana de Correa.

 

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Gobiernos de derecha e izquierda en América del Sur. (Fuente: Bovone en La Nación, 2026)

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Matriz de tránsito institucional. (Fuente: elaboración propia con apoyo de IA.).

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