Revista Iberoamericana de Derecho, Cultura y Ambiente

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RIDCA - Edición Nº8 - Derecho Antártico, Gestión y Geopolítica del Atlántico Sur

Diciembre de 2025

Antártida, línea a no ceder en la defensa de la soberanía argentina

Autora. Yanina Paola Radke. Argentina

Por Yanina Paola Radke

Introducción

Contexto histórico

El Reino Unido ha sostenido que, cuando el Capitán James Onslow tomó por la fuerza las Malvinas, el 2 de enero de 1833, las islas eran res nullius. Es decir, tierra de nadie.

Sin embargo, la Paz de Utrecht, firmada en 1713, aseguró la integridad de las posesiones de España en América del Sur y confirmó su exclusividad de navegación en el Atlántico Sur. Inglaterra aceptó dichas cláusulas como signataria de los acuerdos de Utrecht y de tratados posteriores del siglo XVIII que lo ratificaban, pero las islas comenzaron a ser objeto del interés de gran Bretaña y Francia.

La sucesión de 32 gobernadores españoles en las Islas Malvina fue continua hasta 1811, cuando la guarnición de Puerto Soledad fue requerida desde Montevideo para la defensa de la monarquía española, al comienzo de las guerras de la independencia. Durante los años posteriores, las islas no solo fueron visitadas por buques balleneros de diversas nacionalidades, sino que el 6 de noviembre de 1820, el Coronel Daniel Jewett, desde Puerto Soledad, formalizó la posesión de las Malvinas en nombre del Gobierno del Rio de La Plata.

Esta década inaugura las autonomías de las provincias, el interregno de la nueva Asamblea Constituyente y los pactos interprovinciales. AL respecto el Pacto Federal (1831) desempeñó un rol fundamental para comprender el federalismo de la época y la trascendencia de Buenos Aires y sus territorios de frontera. Nombrado por el gobierno de esta provincia, Luis Vernet se hizo cargo de las Islas en 1829.

Tras la emancipación del Reino de España, la República Argentina adoptó el principio jurídico de uti possidetis iuris de 1810, por el cual se consideraba heredera de los territorios que formaban parte del Virreinato del Río de la Plata. En este marco, la soberanía argentina no sólo incluía el continente sudamericano, sino también sus espacios de ultramar, como las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur, y las islas subantárticas, así como una proyección natural hacia el continente antártico.

La ocupación efectiva de las Islas Malvinas por parte de Argentina en 1829, a través de la creación de la Comandancia Político-Militar de las Malvinas y adyacentes al Cabo de Hornos, no sólo reafirmaba sus derechos sobre dicho archipiélago, sino también sobre un vasto espacio marítimo que incluía las islas australes y extendía la proyección territorial hacia el sur. Este acto institucional incluía tácitamente las islas del Atlántico Sur y, por su ubicación y proyección geográfica, puede interpretarse como un primer paso hacia una vinculación territorial con el sector antártico.

Durante gran parte del siglo XIX, el Reino Unido mostró un interés difuso pero creciente por la región austral, reforzado a partir de su ocupación de las Islas Malvinas en 1833. No obstante, no fue sino hasta 1908 que formalizó sus pretensiones sobre los territorios australes y antárticos mediante las Patentes Reales, en las cuales incluyó a las Georgias del Sur, Sándwich del Sur, Orcadas del Sur, Shetland del Sur y una porción del continente antártico (Tierra de Graham), estableciendo su administración bajo las Dependencias de las Islas Malvinas (Falkland Islands Dependencies).

Desde la perspectiva argentina, esta incorporación británica resultaba extemporánea y carente de legitimidad, dado que esos territorios, en tanto dependencias del antiguo Virreinato, ya formaban parte de su soberanía histórica y jurídica desde el inicio del proceso independentista.

Así, la conexión histórica y territorial entre las Islas Malvinas y la Antártida Argentina no es una construcción moderna, sino una continuidad lógica del proceso de descolonización iniciado en el siglo XIX, que encuentra fundamentos tanto en el derecho internacional como en la geografía, la historia y la proyección geopolítica del país hacia el sur.

En este breve trabajo de investigación, se buscará ejemplificar porqué la Antártida es para la República Argentina, un límite sobre su soberanía, la línea a no ceder, que no debe dejar sobrepasar por parte, no solo del Reino Unido, con quien mantiene un reclamo indeclinable por las Islas Malvinas, sino además por cualquiera de los demás países que reclaman territorios en el continente blanco, donde Argentina es el único país con presencia ininterrumpida desde 1904.

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CAPITULO I

Exploraciones tempranas y la proyección argentina hacia la Antártida

Desde los siglos XVII y XVIII, diversas expediciones extranjeras comenzaron a explorar el vasto y desconocido territorio antártico, motivadas por intereses geográficos, científicos y comerciales. Exploradores como Cook, Palmer, Bellingshausen y Weddell recorrieron las gélidas aguas australes, contribuyendo al reconocimiento inicial del continente blanco. Sin embargo, no fue sino hasta fines del siglo XIX que se iniciaron las primeras misiones científicas sistemáticas, muchas de ellas con colaboración internacional.

Exploraciones extranjeras más relevantes (según Q. Paiva y otras fuentes)

James Cook (1773–1775): primer navegante en cruzar el Círculo Polar Antártico.

Nathaniel Palmer (1820): estadounidense, uno de los primeros en divisar tierra antártica.

Fabian von Bellingshausen (1820): ruso, también considerado uno de los descubridores del continente.

James Weddell (1823): británico que llegó al mar que hoy lleva su nombre.

Adrien de Gerlache (1897–1899): belga, lideró la expedición del buque Bélgica con participación argentina (médico José M. Sobral).

José María Sobral, geólogo y marino argentino, se incorpora en 1901 a la expedición sueca de Otto Nordenskjöld. Fue el primer argentino en pasar un invierno en la Antártida y luego se convirtió en símbolo de la presencia argentina en la región.

En 1904, la Argentina asume la administración continua de la base Orcadas del Sur, fundada por Escocia en 1903 y luego transferida. Esto marca el inicio de una presencia permanente, algo que ninguna otra nación logró hasta la actualidad. El gobierno argentino adquirió la estación meteorológica construida por la expedición escocesa del capitán William Bruce en las Islas Orcadas del Sur.

La Oficina Meteorológica Nacional, entonces bajo dependencia del Ministerio de Agricultura, fue la institución encargada de mantener el personal y realizar observaciones meteorológicas ininterrumpidas.

Esta decisión fue formalizada mediante un contrato con Bruce y aceptada oficialmente por el Gobierno argentino, lo que marcó el inicio de una presencia permanente, algo inédito en la época, consolidando una acción científica y política de soberanía anticipada.

En cuanto al mantenimiento de las actividades, el Ministerio de Marina fue responsable de garantizar, año tras año, el envío de víveres, personal y suministros a la estación Orcadas. Esto se hacía con buques de la Armada, como el ARA Uruguay, el ARA Guardia Nacional y más tarde el ARA Primero de Mayo.

Estas campañas anuales de abastecimiento conocidas desde entonces como «campañas antárticas”, demuestran una planificación logística continua desde el Estado.

Gracias a las gestiones del Observatorio Meteorológico Nacional, Argentina logró que las observaciones meteorológicas de Orcadas fueran reconocidas internacionalmente e integradas en las redes de datos mundiales.

Esto le dio al país legitimidad científica y sentó bases para futuros reclamos de soberanía.

Decisiones institucionales y consolidación territorial: la proyección argentina en la Antártida

Desde comienzos del siglo XX, la República Argentina asumió una actitud activa y sostenida en relación con el continente antártico, en un contexto en el que el interés internacional por esa región comenzaba a incrementarse. A diferencia de otras potencias, cuya participación estaba motivada principalmente por la exploración científica y los recursos naturales, la Argentina vinculó desde el inicio su accionar en la Antártida con la continuidad territorial heredada del Virreinato del Río de la Plata y con una política estatal concreta que combinó ciencia, logística y soberanía (Quevedo Paiva, s.f.).

Mas allá de los antecedentes trascendentales de Orcadas, que marcaron el inicio de la presencia argentina en la Antártida, pocos días después, el Ministerio de Agricultura, a cargo de la Oficina Meteorológica Nacional, dictó la resolución del 20 de enero de 1904, mediante la cual designó al joven argentino Hugo Alberto Acuña como jefe de la estación y primer encargado de la estafeta postal Orcadas del Sud, creando así el primer servicio de correos en el continente blanco. Esta resolución institucional consolidó la ocupación efectiva y pacífica del lugar, bajo administración argentina (Fundación Marambio, s.f.).

La participación del Estado argentino no se limitó a aspectos meteorológicos. Desde 1904 en adelante, el Ministerio de Marina fue el responsable del sostenimiento logístico de la base Orcadas mediante la realización anual de campañas antárticas, utilizando buques de la Armada como el ARA Uruguay, el ARA Guardia Nacional y el ARA Primero de Mayo. Estas misiones, organizadas con regularidad y continuidad, permitieron abastecer y mantener la dotación de personal científico, consolidando una política antártica sostenida que se mantiene hasta el presente.

En 1906, durante la presidencia de José Figueroa Alcorta, se dictó un nuevo decreto que incorporó administrativamente a las islas Orcadas del Sur bajo la jurisdicción de la Gobernación de Tierra del Fuego, reafirmando la soberanía nacional sobre estos territorios. A esto se suma la carta del embajador británico William Haggard, enviada en diciembre de 1903, en la que expresó su conformidad con la transferencia de la estación meteorológica a la Argentina, un hecho que puede interpretarse como un reconocimiento diplomático implícito de la administración argentina en las Orcadas.

Desde el punto de vista técnico-científico, el Observatorio Meteorológico Nacional registró y difundió las primeras mediciones antárticas argentinas desde 1904, incorporando esas observaciones a la red internacional de meteorología, lo que posicionó al país como pionero en el estudio del clima polar. Esta participación científica fue clave no sólo para el conocimiento del ambiente antártico, sino también como herramienta diplomática de legitimación territorial (Instituto Antártico Argentino, 2010).

Los diversos mapas oficiales confeccionados desde entonces, entre ellos el Mapa Bicontinental de la República Argentina, publicado por el Instituto Geográfico Nacional, reflejan esta proyección hacia el sur y consolidan la idea de una Argentina bicontinental, con presencia territorial efectiva tanto en América del Sur como en la Antártida.

En conclusión parcial, las decisiones institucionales adoptadas entre 1902 y 1906 muestran que la presencia argentina en la Antártida fue una acción consciente, planificada y respaldada jurídicamente por el Estado. Lejos de ser producto de iniciativas individuales, la política antártica argentina se fundó en principios de continuidad territorial, soberanía efectiva y protagonismo científico, sentando las bases de una presencia nacional que, más de un siglo después, sigue siendo ininterrumpida.

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Luego de Orcadas…

La historia de la presencia argentina en la Antártida adquiere un carácter singular con la instalación de la base Orcadas del Sur en 1904. Este hecho no solo marcó el establecimiento del primer asentamiento humano permanente en el continente blanco, sino que constituyó el punto de partida de una política de Estado orientada a consolidar la soberanía, impulsar el desarrollo científico y fortalecer la presencia internacional de Argentina en la región.

La consolidación de la presencia argentina (1904-1940)

Desde el momento de la toma de posesión de la estación meteorológica construida originalmente por la expedición escocesa liderada por William Speirs Bruce, Argentina asumió de manera ininterrumpida la operación de Orcadas del Sur. Esta presencia constante permitió la recolección de datos científicos valiosos y sentó las bases para futuras reclamaciones territoriales sobre el sector antártico argentino (Quevedo Paiva, 1978).

Cabe destacar que, en este período, el Reino Unido formalizó sus pretensiones sobre el sector antártico mediante la emisión de las Patentes Reales de 1908 y 1917. A través de estos documentos, incorporó las islas Georgias del Sur, Sandwich del Sur, Orcadas del Sur, Shetland del Sur y una porción del continente antártico conocida como Graham’s Land bajo su administración (Pintore y Llorens, 2012). Sin embargo, estas posesiones no fueron controladas directamente desde Londres, sino desde el gobierno colonial de las Islas Malvinas, pasando a denominarse Dependencias de las Islas Malvinas (Falkland Islands Dependencies – FIDs). Esta medida fue interpretada por Argentina como un acto de colonialismo y fue rechazada sistemáticamente por la diplomacia nacional.

Durante las primeras décadas del siglo XX, el Estado argentino fortaleció su interés por la región mediante la elaboración de mapas oficiales, la emisión de normativas y la promoción de actividades científicas e hidrográficas. En 1940, con la creación de la Comisión Nacional del Antártico, se institucionalizó el estudio y la planificación de las actividades en el continente (Instituto Antártico Argentino, 2020).

Expansión y afirmación de soberanía (1946-1959)

Tras la Segunda Guerra Mundial, el interés geopolítico por la Antártida creció significativamente. En este contexto, Argentina desplegó una política activa que se tradujo en la instalación de nuevas bases permanentes como San Martín (1951), la primera ubicada al sur del Círculo Polar Antártico, y Esperanza (1952), que alojó a la primera familia argentina en el continente (Dirección Nacional del Antártico, 2015).

En 1951, se fundó el Instituto Antártico Argentino (IAA), la primera institución científica del mundo dedicada exclusivamente a la investigación antártica. Esto consolidó a Argentina como pionera en el estudio sistemático del continente y fortaleció su reclamo de soberanía basado en la ocupación efectiva y continua (IAA, 2020).

Las primeras actividades del IAA incluyeron campañas científicas en las bases antárticas, estudios de geología, meteorología, glaciología y biología, así como la organización de expediciones con objetivos concretos de recolección de datos. También se promovió la formación de investigadores especializados y se establecieron vínculos con centros científicos internacionales. El Instituto comenzó a publicar el Boletín del Instituto Antártico Argentino, una de las primeras revistas especializadas sobre temas polares, donde se divulgaban los resultados de los trabajos de campo.

El 21 de diciembre de 1954, el Reino Unido propuso a la República Argentina someter la disputa sobre la soberanía de territorios antárticos y subantárticos a un tribunal de arbitraje internacional. Esta propuesta fue parte de una serie de intentos británicos para resolver la controversia mediante medios pacíficos, incluyendo la posibilidad de llevar el caso ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ)

En respuesta, el 4 de mayo de 1955, el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino entregó al embajador británico en Buenos Aires una nota diplomática rechazando la propuesta. Argentina argumentó que las Cartas Patentes de 1908 y 1917, utilizadas por el Reino Unido como fundamento de su reclamo, eran actos unilaterales sin validez en el derecho internacional y, por lo tanto, no podían ser considerados pruebas legítimas de soberanía sobre los territorios en cuestión.

Argentina sostuvo que la soberanía nacional no podía ser objeto de discusión ni puesta en duda ante tribunales internacionales. En consecuencia, cuando el Reino Unido presentó una demanda unilateral ante la CIJ en 1955, Argentina se negó a aceptar la competencia de la Corte, lo que llevó al archivo de la demanda el 16 de marzo de 1956

Luego de rechazar en 1955 la propuesta británica de someter la disputa territorial a la CIJ, por considerar que la soberanía no era una cuestión arbitrable, Argentina consolidó su postura mediante una doble estrategia:

Presencia efectiva y ocupación continua y oficial

Argentina intensificó sus actividades en el continente antártico con la instalación de nuevas bases (como Belgrano en 1955) y el desarrollo de investigaciones científicas a través del Instituto Antártico Argentino. Esta ocupación efectiva respondía al principio de «animus occupandi», es decir, la intención clara y sostenida de ejercer soberanía sobre un territorio mediante actos concretos.

Diplomacia científica y proyección internacional

Consciente del creciente interés global en la Antártida, especialmente tras el Año Geofísico Internacional (1957–1958), Argentina adoptó una postura cooperativa que equilibraba sus derechos soberanos con una vocación multilateral. Participó activamente en ese evento internacional, coordinando investigaciones con países como Estados Unidos, la URSS, Francia y Japón.

La percepción internacional ante la actividad antártica argentina

Las acciones desarrolladas por Argentina en la Antártida no pasaron desapercibidas en el ámbito internacional. En un contexto de crecientes tensiones por las reclamaciones territoriales, particularmente con el Reino Unido y Chile, las actividades argentinas fueron observadas con atención. Mientras que los países latinoamericanos, como Perú y Uruguay, expresaron simpatía hacia la presencia argentina, las potencias europeas adoptaron posiciones más cautelosas.

El Reino Unido, en particular, consideró como un desafío a sus intereses en el sector antártico las expediciones y el establecimiento de bases argentinas, dado que ambos países reclaman áreas superpuestas. A pesar de ello, la participación activa de Argentina en la firma del Tratado Antártico en 1959 fue valorada positivamente por la comunidad internacional, ya que mostró disposición al diálogo multilateral y al compromiso con la investigación científica y la paz en el continente blanco.

Estados Unidos, por su parte, observó con interés la evolución argentina en la región, y aunque no reconoció soberanías específicas, reconoció la capacidad operativa y la experiencia logística argentina. La integración al sistema del Tratado Antártico permitió que Argentina reforzara sus vínculos de cooperación con naciones como Alemania, Rusia y Japón, consolidando una imagen de país comprometido con la ciencia y la estabilidad regional.

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Capítulo II

De Pujato a la actualidad El Plan Pujato: génesis de una política antártica

En el marco de la posguerra y la reorganización del orden internacional, la década de 1950 representó para Argentina una etapa de redefinición estratégica en relación con el Atlántico Sur y la Antártida. El final de la Segunda Guerra Mundial había dejado como saldo una intensa carrera geopolítica por la ocupación y el control de espacios considerados estratégicos por su valor científico, militar y económico. En ese escenario global, el continente antártico comenzaba a captar la atención de las grandes potencias, debido a su posición privilegiada, su posible riqueza en recursos naturales y su valor para la proyección científica internacional.

Argentina, con antecedentes que se remontaban a fines del siglo XIX en materia de actividad antártica, como la fundación del Destacamento Naval Orcadas en 1904, poseía una tradición de vinculación con el continente blanco. Sin embargo, hasta mediados del siglo XX, esa presencia era principalmente esporádica, logística o meteorológica, sin una proyección estructural o permanente. Fue en este contexto que el general de división Hernán Pujato, oficial del Ejército Argentino con formación en Europa y amplia visión geopolítica, propuso una transformación radical de la política antártica del país.

En 1949, Pujato presentó al entonces presidente Juan Domingo Perón un ambicioso plan de proyección soberana hacia la Antártida, con un enfoque centrado en la ocupación efectiva del territorio mediante presencia científica, habitacional y logística continua. Su propuesta incluía la creación de un instituto nacional de estudios antárticos, el establecimiento de bases permanentes, la inclusión de población civil y el desarrollo de infraestructura para asegurar el abastecimiento y la movilidad en la región, incluyendo la incorporación de un rompehielos.

La aceptación del proyecto por parte del gobierno nacional marcó el inicio de una nueva etapa. En 1951 se fundó el Instituto Antártico Argentino (IAA), organismo pionero en el hemisferio sur dedicado exclusivamente al estudio científico del continente. Ese mismo año se inauguró la Base San Martín, primera instalación científica y militar permanente de Argentina en la Antártida continental y la primera del mundo en ubicarse al sur del Círculo Polar Antártico. En paralelo, se incorporó el rompehielos ARA General San Martín, lo que permitió sostener la presencia durante todo el año y abastecer las bases en condiciones extremas.

Este conjunto de decisiones conformó el denominado Plan Pujato, una estrategia integral de ocupación pacífica y científica del territorio antártico argentino. En un contexto internacional marcado por el aumento de las tensiones territoriales y por la superposición de reclamos, particularmente con el Reino Unido y Chile, la propuesta argentina se destacó por su enfoque pionero y civilizatorio. Sentó así las bases de una política de Estado que, con diversas intensidades, se proyectaría a lo largo del tiempo.

A modo de ejemplificar en el tiempo…

Año

Evento

1949

Hernán Pujato presenta al presidente Juan D. Perón su plan de proyección argentina hacia la Antártida.

1951

Se funda el Instituto Antártico Argentino (IAA), primer organismo científico dedicado exclusivamente a la Antártida.

1951

Inauguración de la Base San Martín, primera base argentina en la Antártida continental y primera del mundo al sur del Círculo Polar Antártico.

1954

Incorporación del rompehielos ARA General San Martín, que asegura la logística y abastecimiento antártico durante las campañas anuales.

1955

Fundación de Base Belgrano I, ubicada más al sur que San Martín, afirmando soberanía.

1957–

1958

Participación argentina en el Año Geofísico Internacional, lo que proyecta su perfil científico en el contexto global.

1959

Argentina firma el TRATADO ANTÁRTICO, que congela los reclamos territoriales, pero permite la investigación científica y la cooperación internacional.

1965

El general Jorge Leal lidera la primera expedición terrestre argentina al Polo Sur, cumpliendo uno de los objetivos finales del Plan Pujato.

Etapa de expansión y consolidación (1960–2000)

Luego de los primeros pasos fundacionales impulsados por el Plan Pujato, la política antártica argentina ingresó en una etapa de consolidación institucional, territorial y científica que se extendió durante la segunda mitad del siglo XX. A pesar de los vaivenes políticos internos y del contexto internacional cambiante, Argentina logró mantener una presencia constante en el continente blanco, consolidando así una política de Estado sostenida por sucesivos gobiernos.

Durante este período, se amplió significativamente la red de bases permanentes y temporales, con la creación de nuevas instalaciones que fortalecieron la cobertura territorial y logística. En 1965 se inauguró la Base Belgrano II, ubicada en el mar de Weddell, que reemplazó a la anterior Base Belgrano I, y que hasta hoy constituye la base argentina más austral en funcionamiento. En 1969, se estableció la Base Marambio, considerada una de las instalaciones más estratégicas del país por contar con una pista de aterrizaje que permite el abastecimiento aéreo durante todo el año. Gracias a Marambio, la logística antártica dejó de depender exclusivamente de medios marítimos, facilitando así la evacuación médica, el transporte científico y la actividad diplomática.

Asimismo, se consolidó el papel de la Base Esperanza, inaugurada en 1953, como símbolo de soberanía poblacional. Allí no sólo habita personal militar y científico, sino también familias argentinas, lo que permitió que en 1978 naciera Emilio Marcos Palma, el primer ser humano nacido en la Antártida, acto altamente simbólico en términos de presencia civil y efectiva.

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En paralelo, la Argentina mantuvo una activa participación en el Sistema del Tratado Antártico (STA), firmado en 1959 y en vigor desde 1961, que establece la no militarización del continente, el uso exclusivo para fines pacíficos y la cooperación científica. En ese marco, el país fue parte del grupo de naciones que lideró la elaboración y firma del Protocolo de Madrid (1991), que prohíbe la explotación de recursos minerales y refuerza la protección ambiental del ecosistema antártico.

En el plano científico, el Instituto Antártico Argentino (IAA) continuó desarrollando investigaciones en áreas como glaciología, biología marina, meteorología, geología y cambio climático. A pesar de las limitaciones presupuestarias de algunas décadas, los trabajos del IAA le valieron a Argentina un lugar destacado dentro de las misiones científicas internacionales, articulando con organismos como el SCAR (Scientific Committee on Antarctic Research).

En el aspecto logístico, la Armada Argentina y la Fuerza Aérea mantuvieron campañas anuales antárticas, asegurando el relevo de personal, el transporte de materiales y la evacuación sanitaria. El rompehielos ARA Almirante Irízar, incorporado en 1978, reemplazó al General San Martín y se convirtió en un ícono nacional de la actividad antártica hasta su accidente en 2007.

Durante esta etapa, Argentina también enfrentó desafíos y tensiones geopolíticas, especialmente en relación con el Reino Unido, cuyo reclamo sobre el sector antártico se superpone al argentino. No obstante, ambos países, firmantes del Tratado Antártico, han mantenido una coexistencia pacífica en la región, regulada por las normas del sistema multilateral.

En resumen, el período 1960–2000 fue clave para la consolidación de la política antártica argentina, caracterizada por la expansión de su infraestructura, el fortalecimiento científico, la cooperación internacional y una creciente proyección diplomática y ambiental. Esta continuidad marcó la transición de una estrategia fundacional hacia una presencia institucionalizada, reconocida y establecida en el sistema internacional.

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Apectos que se cumplieron del Plan Pujato

Objetivo del Plan

Grado de cumplimiento

Presencia permanente argentina en la Antártida

P✓ Cumplido desde 1951 con la Base San Martín y luego con otras bases como Esperanza y Marambio.

Creación de un instituto científico nacional

✓P Cumplido con el Instituto Antártico Argentino (IAA) en 1951.

Fundación de múltiples bases

P✓ Cumplido. Argentina posee actualmente 6 bases permanentes y 7 temporarias.

Incorporación de familias argentinas

✓P Cumplido desde 1978 en Base Esperanza.

Desarrollo logístico polar (rompehielos, transporte)

✓P Cumplido con rompehielos como el ARA General San Martín y luego el ARA Almirante Irízar.

Proyección al Polo Sur

✓P Cumplido en 1965 con la expedición del general Jorge Leal.

Aspectos parcialmente cumplidos, o aún no concretados

 

Objetivo

Situación actual

Permanencia civil masiva y autosustentable

+ Parcial. Aunque hay familias en Base Esperanza, no existe una colonia autosustentable civil estable.

Sustentabilidad energética plena

+ Parcial. La mayoría de las bases aún depende de

combustibles fósiles. Se han iniciado proyectos solares y eólicos, pero son complementarios.

Desarrollo científico al nivel de las potencias antárticas

 ị Avance considerable, pero limitado por recursos económicos y discontinuidad política.

Reivindicación plena de soberanía territorial

+ Inconcluso. El reclamo argentino está congelado por el Tratado Antártico y continúa en disputa con Reino Unido y Chile.

 

 

A pesar de no haberse materializado en su totalidad, el Plan Pujato logró concretar los principales objetivos estratégicos planteados en 1949. Su impacto sentó las bases de una política antártica argentina sólida, sostenida hasta el presente. En términos de presencia territorial, científica y simbólica, Argentina es hoy uno de los países con mayor continuidad operativa en el continente, lo que constituye el legado más significativo del pensamiento visionario del general

Hernán Pujato.

El Plan Pujato debe ser considerado una política de Estado pionera y visionaria que marcó el rumbo de la presencia argentina en la Antártida. Aunque no se concretaron todos sus aspectos más ambiciosos, los pilares estratégicos fueron establecidos y han perdurado. En términos de continuidad operativa, presencia efectiva y proyección internacional, el legado de Pujato sigue vigente en la política antártica argentina contemporánea.

Capitulo III

Antártida, línea a no ceder en la defensa de la soberanía argentina Conceptos

La “Línea a No Ceder” no es sólo una expresión política o táctico-militar, sino un elemento clave en la formación, entrenamiento y despliegue de las Fuerzas Armadas argentinas, que deben estar preparadas para defender sin concesiones la integridad territorial nacional.

Qué es la defensa: Las operaciones defensivas son aquellas operaciones tácticas destinadas a resistir, rechazar, desgastar o destruir un ataque enemigo, siendo esta última la tarea esencial.i

Durante la ejecución de la defensa se buscará no ceder espacio ni las zonas / terrenos llaves seleccionadas para controlarlo. Se preverán las posiciones de cambio y suplementarias en caso de que la acción del enemigo obligue a su ocupación. ii

Desde una perspectiva estratégica, una «línea a no ceder» representa un umbral geográfico o político más allá del cual una nación o alianza no puede permitir que un adversario avance sin comprometer fundamentalmente sus intereses de seguridad nacional, su poder o su influencia regional/global.

Geopolíticamente, una «línea a no ceder» es una región, territorio o punto de acceso cuya posesión o control es considerado indispensable para mantener el equilibrio de poder regional o global, proteger rutas comerciales vitales, asegurar recursos críticos o proyectar influencia. La violación de esta línea por una potencia rival se percibe como una amenaza directa al orden internacional o al estatus de una potencia.

Este concepto está ligado a la teoría del Heartland y el Rimland de Mackinder y Spykman, donde el control de ciertas áreas geográficas clave confiere una ventaja geopolítica desproporcionada. También se relaciona con la doctrina de esferas de influencia y la seguridad colectiva. El estrecho de Ormuz, el Canal de Suez o ciertas islas estratégicas son ejemplos de «líneas a no ceder» desde una perspectiva geopolítica.

«El control de ciertos ‘checkpoints’ marítimos y terrestres es fundamental para el poder global. La negación de acceso o el control de estas áreas por una potencia adversaria puede alterar drásticamente el equilibrio geopolítico y la distribución del poder.» (Kaplan, Robert D. The Revenge of Geography: What the Map Tells Us About Coming Conflicts and the Battle Against Fate. Random House, 2012.)

En el Decreto 1714/2009 (actualizado por la Ley 23.554 de Defensa Nacional), se establece claramente que:

«la Política de Defensa de la REPÚBLICA ARGENTINA ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las ISLAS MALVINAS, GEORGIAS DEL SUR Y SANDWICH DEL SUR y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser éstos parte integrante del territorio nacional; asimismo […] la recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía […] constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino»

Es decir, cualquier cesión de soberanía en esas zonas se encuentra fuera de la política de Estado, estableciendo una “Línea a No Ceder jurídica y estratégica”.

El mismo documento establece que:

«Respecto del Sector Antártico Argentino es política de Estado el afianzamiento de los derechos argentinos de soberanía, objetivo al cual el instrumento militar de la Nación coadyuva exclusivamente a través de la asistencia logística en la ejecución de la actividad antártica.»

El Libro Blanco de la Defensa Argentina considera la Antártida como un espacio de gran importancia estratégica para la seguridad nacional, enfatizando la necesidad de defender la soberanía, proteger los intereses nacionales y cooperar internacionalmente para la gestión y conservación del territorio.

Desde la firma del Tratado Antártico en 1959, la República Argentina enfrenta el desafío de afirmar su soberanía en el continente blanco sin violar los compromisos internacionales asumidos. En este contexto, la doctrina argentina ha desarrollado una interpretación activa del principio conocido como “Línea a No Ceder”, aplicado también al Sector Antártico Argentino.

El artículo IV del Tratado establece que los reclamos territoriales existentes quedan congelados, sin ser reconocidos ni anulados. Argentina, como firmante original, no renunció a su reclamo soberano sobre el sector comprendido entre los meridianos 25° y 74° Oeste, hasta el Polo Sur. Por el contrario, ha mantenido una política activa de presencia, investigación y reafirmación simbólica, sin vulnerar el régimen internacional.

La bicontinentalidad Argentina, bajo el Tratado Antártico

En marzo de 2016, la ONU reconoció a la Argentina derechos de soberanía sobre una superficie adicional de 1.782.500 km² de plataforma continental más allá de las 200 millas náuticas, en virtud del Artículo 76 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR).

Este reconocimiento abarca zonas del Atlántico Sur, incluidas áreas cercanas a las Islas Georgias del Sur, Sándwich del Sur y otras áreas disputadas.

La decisión de la ONU de reconocer la extensión de la plataforma continental argentina en 2016 representó un fortalecimiento de la soberanía nacional en el Atlántico Sur. Aunque el sector correspondiente a la Antártida no fue evaluado por respeto al Tratado Antártico, Argentina incluyó explícitamente ese territorio en su presentación, reafirmando de este modo su reclamo histórico. Así, la Antártida sigue figurando como parte de la plataforma extendida nacional, aún sin validación internacional formal, pero dentro de la estrategia argentina de no ceder soberanía.

Ver Mapa 3

La Línea a No Ceder en el marco de las Zonas de Seguridad de Fronteras y la Cartografía Oficial Argentina

La República Argentina cuenta con un régimen jurídico específico para la protección de sus zonas estratégicas limítrofes. La Ley N.º 18.575 y su reglamentación a través del Decreto 865/94 establecen las Zonas de Seguridad de Fronteras (ZSF) como áreas de vital interés para la soberanía nacional.

¿Que son las zonas de seguridad de fronteras? (ZSF)

Son franjas de territorio próximas a las fronteras internacionales que requieren autorización especial para la adquisición de bienes por parte de extranjeros, y un control específico del Estado. Incluyen áreas terrestres, marítimas, insulares y, en algunos casos, antárticas.

Tienen por finalidad preservar la integridad territorial, prevenir injerencias externas y fortalecer la presencia nacional efectiva.

La Antártida Argentina está incluida como Zona de Seguridad de Fronteras en cuanto a la proyección soberana nacional.

En este contexto, la «línea a no ceder» se identifica con la delimitación cartográfica oficial del Sector Antártico Argentino, que forma parte de los mapas oficiales aprobados por el Estado Nacional.

Según la Disposición Técnica del Instituto Geográfico Nacional (IGN), se establece que los mapas oficiales del territorio nacional deben incluir:

Las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur.

El Sector Antártico Argentino (25° a 74° de longitud oeste, hasta el Polo Sur).

La mención de que estos territorios están bajo disputa o régimen especial, en cumplimiento del derecho internacional.

En 2023, se reafirmó mediante la Resolución 71/2023 del Ministerio del Interior que la cartografía oficial debe usarse en escuelas, reparticiones públicas, documentos oficiales y publicaciones, consolidando así la “línea a no ceder” a la que se hace mención en el presente trabajo, como política de Estado visual y pedagógica.

Ver Mapa 4

¿Por qué considerar que estos límites de la soberanía son la “línea a no ceder”?

Porque ceder presencia o protagonismo en el sector antártico podría implicar indirectamente debilitar su reclamo o fortalecer el del Reino Unido.

Porque la ocupación efectiva argentina (bases, población civil, logística) es histórica, continua y anterior a muchas de las instalaciones británicas.

Porque, tras la guerra de Malvinas de 1982, la confrontación con el Reino Unido se extiende más allá del Atlántico Sur y tiene correlato en la Antártida.

Porque cualquier negociación internacional futura, como una eventual revisión del Tratado Antártico en 2048, podría verse influenciada por el grado de presencia efectiva de cada país.

Logística futura en la Antártida y su importancia estratégica

La logística como vector de soberanía

Desde los inicios de la presencia argentina en la Antártida, la logística ha sido uno de los pilares fundamentales para sostener la ocupación efectiva del territorio. Sin una cadena de abastecimiento constante, segura y nacionalizada, no es posible mantener operativas las bases, garantizar la seguridad del personal ni proyectar ciencia, educación o defensa.

En el presente, la logística antártica argentina se articula bajo el comando unificado del COCOANTAR (Comando Conjunto Antártico), y comprende operaciones navales, aéreas y terrestres entre Ushuaia y las distintas bases permanentes y temporarias. Esta estructura, si bien funcional, enfrenta desafíos técnicos, presupuestarios y geopolíticos crecientes que exigen una visión estratégica de futuro.

Necesidades actuales y capacidades limitadas

Entre los desafíos logísticos actuales se destacan:

La dependencia del ARA Almirante Irízar, único rompehielos operativo del país.

La limitada autonomía aérea polar, que restringe el acceso rápido y continuo a las bases.

La falta de infraestructura moderna en algunos puntos logísticos clave (muelles, hangares, almacenamiento).

La presión internacional por aumentar las actividades científicas en zonas sensibles del continente, lo que requiere más movilidad, tecnología y presencia argentina efectiva.

Además, el cambio climático y la creciente competencia internacional por recursos e investigación en la Antártida imponen nuevos requisitos tecnológicos, ambientales y operativos, especialmente en lo que refiere al transporte, la energía y las comunicaciones.

Proyecciones estratégicas hacia el futuro

Para sostener el principio de soberanía efectiva, y asegurar la “línea a no ceder” en el largo plazo, Argentina deberá desarrollar una logística antártica de nueva generación, basada en tres ejes:

Modernización y diversificación de medios

Incorporación de nuevos buques polares de diseño nacional o mediante cooperación internacional.

Adquisición de aeronaves con capacidad polar (aviones y helicópteros adaptados a condiciones extremas).

Renovación de vehículos terrestres antárticos y generación de movilidad de bajo impacto ambiental.

Infraestructura polar avanzada

Ampliación y modernización de muelles, pistas y almacenes logísticos en Ushuaia y en bases como Belgrano II o Esperanza.

Desarrollo de sistemas autónomos de generación de energía y comunicaciones satelitales dedicadas.

Construcción de centros de operaciones conjuntos para integrar defensa, ciencia y logística.

Industria y ciencia aplicadas

Promoción del desarrollo tecnológico nacional orientado a la Antártida

(drones, sensores, robótica).

Fomento de proyectos científico-logísticos duales que combinen investigación con despliegue territorial.

Articulación entre organismos como CONAE, INTI, INVAP, Fuerzas Armadas y universidades nacionales.

Implicancias geopolíticas

Una logística antártica moderna y soberana no sólo garantiza el funcionamiento de las bases y la seguridad del personal. También constituye:

Un instrumento concreto de soberanía nacional ante otros Estados reclamantes.

Un factor de proyección regional e internacional, especialmente dentro del Tratado Antártico.

Un reaseguro estratégico para el Atlántico Sur y la defensa integral del territorio argentino.

 

Conclusiones y apreciaciones a futuro

En el marco de la Doctrina de Defensa Nacional y los lineamientos del Planeamiento Estratégico Militar, el sostenimiento de la logística antártica no solo debe considerarse una cuestión de apoyo a la actividad científica, sino una prioridad geoestratégica para la defensa integral del territorio argentino, especialmente en función del concepto de la “línea a no ceder”.

Con base en el análisis desarrollado, se observan las siguientes recomendaciones operativas concretas para reforzar la proyección de soberanía y defensa en la Antártida:

Reforzar el Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR)

Dotarlo de autonomía presupuestaria y planificación plurianual, con capacidad de gestionar medios y contratos logísticos.

Consolidarlo como actor central del planeamiento militar antártico y nexo con organismos científicos y civiles.

Integrar el planeamiento logístico con el planeamiento estratégico militar

Incluir las necesidades antárticas dentro de los Planes Militares de Capacidades (PMC).

Desarrollar escenarios específicos de defensa del Atlántico Sur y Antártida, con simulaciones y ejercicios conjuntos.

Reforzar la presencia permanente como elemento disuasorio

Implementar un Sistema de Vigilancia y Control del Espacio Marítimo Antártico, en cooperación con el Ministerio de Defensa y Prefectura Naval.

Fomentar la industria nacional para fines duales (defensa + ciencia)

Invertir en el desarrollo de:

Vehículos antárticos diseñados por el INVAP o el INTI.

Soluciones energéticas autónomas (eólica, solar, nuclear portátil).

Equipos de comunicación satelital de uso militar-científico.

Fortalecer la articulación Inter agencial

Coordinar acciones logísticas y operativas entre:

Fuerzas Armadas.

Ministerio de Defensa y Cancillería.

Dirección Nacional del Antártico.

INTI, CONAE, CONICET, Universidades Nacionales.

Reinstalar el debate político y doctrinario sobre la Antártida

Promover la actualización del Marco Estratégico Antártico Nacional dentro del Sistema de Defensa.

Considerar la Antártida en el diseño del Planeamiento de la Defensa del Atlántico Sur como un teatro operativo específico, en el cual se cruzan intereses soberanos, ambientales y científicos.

Reflexión final

La defensa de los intereses vitales de la Nación en la Antártida no se logra únicamente con declaraciones políticas o fundamentos históricos. Se logra, sobre todo, con capacidad logística, medios operativos y continuidad institucional. En este sentido, la logística antártica no es un apoyo: es un instrumento de soberanía en sí mismo, y debe ser tratada como tal dentro del sistema de defensa nacional.

A lo largo del presente trabajo se ha demostrado que la Antártida representa mucho más que un territorio remoto; es un componente esencial de la proyección nacional argentina y una línea estratégica que no debe cederse. Desde una perspectiva histórica, jurídica y geopolítica, Argentina ha consolidado su presencia antártica mediante acciones concretas: ocupación efectiva, desarrollo científico, despliegue logístico permanente y defensa  diplomática   en      los foros   internacionales.

El concepto de ‘línea a no ceder’ implica asumir que la soberanía sobre el Sector Antártico Argentino no es negociable, y que su defensa exige una política de Estado sostenida en el tiempo, articulada entre las Fuerzas Armadas, los organismos científicos, la Cancillería y la sociedad civil. En un contexto mundial donde los intereses estratégicos, ambientales y económicos sobre la Antártida se intensifican, Argentina debe reforzar su compromiso con el Tratado Antártico sin abandonar la defensa de sus derechos soberanos.

La logística polar, el sistema educativo antártico, el desarrollo de capacidades propias y la formación de especialistas civiles y militares en asuntos polares deben ser pilares de una política antártica moderna, inclusiva y federal. Por ello, el trabajo propone fortalecer las capacidades logísticas, consolidar la infraestructura en las bases permanentes y proyectar  a  la  Antártida  como  símbolo  de  soberanía  y  desarrollo.

En conclusión, la Antártida es presente y futuro de la Nación. Defenderla no es una opción, sino un deber estratégico, histórico y moral.

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Imagen 1

Testimonio de soberanía.

Fuente: Los descubrimientos geográficos Antárticos Argentinos, 2005.

Mapa 1

Mapa náutico de las Islas Orcadas del Sur elaborado por la expedición escocesa de Bruce (1903)

Fuente: Amazon, Patagonia de 1869

Mapa 2

Mapa argentino de las Islas Orcadas del Sur publicado por el Estado Nacional (1964)

Imagen 2

Portada del Boletín del IAA 1957. Fuente: https://cancilleria.gob.ar/es/iniciativas/dna/historia-y- patrimonio/archivo-de-publicaciones

Imagen 3

Vista Aérea actual de la Base Esperanza, en el centro la Escuela N38 Raúl R. Alfonsín.

Imagen 4

Expedición científica a la Antártida. Sus actividades y resultados", pronunciada por el general Hernán Pujato, el 21 de mayo de 1952, en la sala del Teatro Enrique Santos Discépolo, de la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación, con el auspicio del Instituto Antártico..

Mapa 3

Mapa bicontinental de la República Argentina con los espacios usurpados por Reino Unido y su proyección a la Antártida. Fuente: Revista DEFENSUR edición febrero 2025

Mapa 4

DENOMINACIÓN Y DESCRIPCIÓN DE LAS ÁREAS DE FRONTERA-Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur Fuente: https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/decreto-253-2018- 308249/texto Anexo XX

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