Revista Iberoamericana de Derecho, Cultura y Ambiente

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RIDCA - Edición Nº9 - Discapacidad y Derechos

Natalia Mendoza. Directora

Julio de 2026

Por Julieta Ovit[1]

 

La Inteligencia Artificial (IA) ya no es una promesa del futuro; está en nuestros teléfonos, en los trámites del Estado y en el trabajo diario. Escuchamos decir que la IA llegó para hacernos la vida más fácil. Pero en un país con tantas deudas sociales como Argentina, cabe hacernos una pregunta urgente: esta revolución tecnológica, ¿está pensada para todos o está construyendo una nueva forma de exclusión para las personas con discapacidad intelectual?

Para las personas que presentan barreras de aprendizaje, la tecnología puede ser un puente hacia la autonomía o, por el contrario, un muro infranqueable. La diferencia entre una opción y la otra depende de cómo se diseñen estas herramientas y de si el Estado decide, finalmente, regularlas con perspectiva de derechos humanos.

 

La promesa: La IA como el apoyo cognitivo del futuro

En el derecho moderno, ya no hablamos de curar la discapacidad, sino de brindar apoyos para que la persona tome sus propias decisiones y viva de forma independiente. En este sentido, la IA bien utilizada es una herramienta revolucionaria.

Hoy en día, una persona con discapacidad intelectual puede encontrar en la IA un aliado fundamental para su día a día a través de:

Traducción a lectura fácil en tiempo real: Existen sistemas capaces de tomar un texto jurídico complejo, una noticia del diario o una factura de servicios públicos y simplificarla al instante, usando frases cortas y vocabulario sencillo para que sea comprensible. Adaptando de esta manera lo complejo para hacerlo más simple y concreto.

Asistentes de voz personalizados: Herramientas que no solo ejecutan órdenes, sino que guían paso a paso a la persona en tareas domésticas, laborales o en el uso del transporte público, adaptándose a sus tiempos de procesamiento

Predicción y anticipación: Aplicaciones que ayudan a organizar el día, anticipar cambios de rutina (algo clave para muchas personas dentro del espectro autista o con desafíos intelectuales) y resolver problemas cotidianos de forma intuitiva.

 

En teoría, la IA tiene el potencial de ser el apoyo más personalizado de la historia. El problema surge cuando la teoría choca de frente con la realidad social argentina.

 

La realidad: Las barreras invisibles de la era digital

A pesar de las promesas de innovación, la IA está construyendo un entorno que muchas veces margina a quienes procesan la información de manera diferente. En Argentina, las principales barreras se resumen en tres grandes problemas:

Los sesgos del algoritmo: Los modelos de IA se entrenan con datos de la mayoría. Al no incluir la variable de la neurodiversidad, los algoritmos suelen calificar como errores o conductas sospechosas las formas de interactuar o escribir de una persona con discapacidad intelectual. Por esto se ve a la IA como un obstáculo. 

La complejidad de las interfaces: Las aplicaciones y plataformas públicas (como las plataformas de trámites a distancia o de asistencia social) incorporan chatbots de IA que, lejos de simplificar, utilizan un lenguaje complejo, opciones múltiples confusas y respuestas automáticas infinitas que generan frustración y abandono.

La brecha digital y económica: En nuestro contexto inflacionario y de recursos limitados, el acceso a conectividad estable y a dispositivos avanzados capaces de correr estas herramientas de IA de manera fluida es un lujo. Quien no tiene datos en el celular, queda doblemente excluido.

 

El peligro de la infantilización

Existe una tendencia errónea a diseñar IA para adultos con discapacidad intelectual utilizando estéticas o lenguajes infantiles. La accesibilidad cognitiva no es infantilizar; es simplificar la estructura respetando la dignidad y edad de la persona para que así todos puedan acceder.

El marco legal en Argentina: Letra viva en el papel, muerta en la práctica

La Argentina cuenta con una de las legislaciones más robustas del mundo en materia de derechos humanos, pero el ecosistema tecnológico actual avanza ignorándola sistemáticamente.

Nuestro país adhirió con rango constitucional a la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (Ley 26.378). Dos de sus artículos son fundamentales frente a la era de la IA:

  1. Artículo 9 (Accesibilidad): Obliga al Estado y a los prestadores a asegurar que las personas con discapacidad tengan acceso, en igualdad de condiciones, a los sistemas y tecnologías de la información y las comunicaciones.
  2. Artículo 4 (Investigación y desarrollo): Compromete al país a promover la disponibilidad y el uso de nuevas tecnologías que sean adecuadas para las personas con discapacidad, priorizando el diseño universal desde el inicio.

¿Qué pasa en la práctica? El cumplimiento es casi nulo. Mientras el Estado realiza profundas auditorías sobre las pensiones no contributivas y los certificados únicos de discapacidad (CUD), las páginas oficiales y las aplicaciones bancarias obligatorias incorporan IA sin una validación previa de accesibilidad cognitiva. Se diseñan sistemas pensando en usuarios estándar, violando el principio de diseño universal y obligando a las personas con discapacidad intelectual a depender de un tercero para validar su identidad o cobrar una prestación.

 

El verdadero obstáculo: Una sociedad atrapada entre el prejuicio y el mito

Para entender por qué la inteligencia artificial no está ayudando a las personas con discapacidad intelectual (PCDI) en Argentina, primero debemos mirar a la sociedad que la produce. El problema, en un gran porcentaje, no es tecnológico, es cultural. Aquí se cruzan dos grandes prejuicios:

  1. El capacitismo social: Creer que la discapacidad intelectual es incapacidad

Nuestra sociedad todavía arrastra una mirada médica y asistencialista sobre la discapacidad. Persiste el prejuicio de que una persona con discapacidad intelectual no puede tomar decisiones, no comprende su entorno o no le interesa la tecnología.

Al asumir que las PCDI no van a usar estas herramientas, los desarrolladores de software locales ni siquiera las consideran en sus equipos de prueba. Se las excluye desde el diseño inicial porque el prejuicio social dicta que su entorno resolverá el trámite por ellos. Esto no es solo un error conceptual; es una barrera que anula la autonomía que las tecnologías prometen devolver.

  1. El mito de la IA perfecta y neutral: Existe la falsa creencia de que, como las decisiones las toma una máquina o un algoritmo, son decisiones objetivas y libres de prejuicios. Nada más alejado de la realidad.

Las IA aprenden imitando el comportamiento humano masivo que encuentran en internet. Si internet está lleno de comentarios condescendientes, discursos de odio o visiones estereotipadas sobre la discapacidad, la IA absorberá eso como lo normal. Cuando una persona con discapacidad intelectual intenta interactuar con un sistema que fue entrenado bajo esa mirada sesgada, la herramienta no la interpreta como un ciudadano con derecho a la accesibilidad, sino como una anomalía del sistema.

El cruce peligroso: Cuando el prejuicio de una sociedad que infantiliza a la discapacidad se junta con una tecnología automatizada que no cuestiona sus fuentes, el resultado es una discriminación matemática y silenciosa. La IA no crea exclusión desde cero; simplemente potencia y automatiza los prejuicios que los argentinos ya tenemos en el día a día sobre lo diferente.

 

Conclusión: El peligro de un futuro a mitad de camino

La revolución tecnológica avanza en Argentina a un ritmo frenético, pero si no se detiene a mirar a los márgenes, terminará profundizando las desigualdades que ya existen. La Inteligencia Artificial tiene un potencial inédito; si se lo propone, podría ser la llave definitiva para la autonomía de miles de personas con discapacidad intelectual. Sin embargo, si la dejamos en manos de la inercia del mercado y de los prejuicios de siempre, se convertirá en un muro digital infranqueable.

La Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad no es un texto de buenas intenciones para colgar en una oficina pública; es una ley vigente y obligatoria. La accesibilidad cognitiva no puede seguir siendo el último casillero a revisar cuando el presupuesto sobra; debe ser el cimiento sobre el cual se construya cualquier innovación.

 

Qué necesitamos para revertir esto: Agenda urgente para Argentina

Para que el futuro no deje a nadie afuera, el Estado, las empresas de tecnología y la sociedad civil deben activar tres ejes fundamentales:

Leyes digitales: Es urgente actualizar la normativa local para exigir que cualquier software, bot o sistema de IA implementado por el Estado argentino o servicios públicos (bancos, transporte, salud) cuente con certificación de accesibilidad cognitiva y opciones en lectura fácil desde su origen.

Nada sobre nosotros sin nosotros: Los equipos de desarrollo de software y entrenamiento de algoritmos deben incorporar obligatoriamente a personas con discapacidad intelectual como testeadores y co-diseñadores. Los sesgos se combaten incluyendo la diversidad en la mesa donde se toman las decisiones.

Capacitación y fin de los sesgos: El ecosistema tecnológico y las empresas deben capacitarse en el modelo social de la discapacidad. Hay que desmontar el prejuicio paternalista de que la tecnología no es para ellos.

 

Llamado a la acción: Humanizar la tecnología

El verdadero desafío de la Inteligencia Artificial en nuestro país no es técnico, sino ético y político. No se trata de crear máquinas más humanas, sino de evitar que los sistemas automatizados nos vuelvan más inhumanos e indiferentes.

Garantizar entornos digitales accesibles y libres de prejuicios es, en definitiva, defender la democracia y la dignidad humana. El futuro se está escribiendo en líneas de código ahora mismo. Asegurémonos de que todos los argentinos, con sus diversas formas de pensar, procesar y habitar el mundo, formen parte de esa historia.

 

[1] Julieta Paula Ovit, abogada egresada de la UBA, posgrado y diplomatura en Discapacidad y Derecho, combino mi sólida formación jurídica con una amplia trayectoria liderando y capacitando equipos de trabajo. Me especializo en análisis de calidad (QA) con tecnología IA, coordinación estratégica de cobranzas (judicial/prejudicial) y gestión de recursos automatizados. Destaco por mis habilidades en negociación, relaciones interpersonales con clientes y diseño de planes de trabajo enfocados en resultados.

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