Revista Iberoamericana de Derecho, Cultura y Ambiente

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RIDCA - Edición Nº9 - Derecho Internacional

Juan Carlos Carretero. Director

Julio de 2026

Estrategia marítima británica en el Atlántico Sur

Autor. Julián Condori . Argentina

Por Julián Condori

 

Introducción

En el siglo XXI, el sistema internacional atraviesa un proceso de transformación caracterizado por la transición desde un orden predominantemente bipolar hacia un escenario cada vez más multipolar. En este contexto, los océanos han recuperado centralidad como espacios de competencia estratégica entre las grandes potencias, debido a su importancia para el comercio internacional, el acceso a recursos naturales, la conectividad global y la proyección de poder militar.

En este marco, el Atlántico Sur emerge como una región de creciente relevancia geopolítica. Su proximidad al continente antártico, la presencia de recursos pesqueros e hidrocarburíferos, y su valor como vía de comunicación marítima interoceánica lo convierten en un espacio estratégico dentro de la competencia global contemporánea.

El presente trabajo analiza la ilícita estrategia marítima del Reino Unido en el Atlántico Sur, considerando su inserción en la gran estrategia británica contemporánea y, particularmente, en la doctrina de “Global Britain”. En este sentido, la estrategia marítima puede definirse como “aquella porción de la gran estrategia que aplica una serie de principios para asegurar la supervivencia y proyectar los intereses de un Estado en el espacio marítimo” (González Levaggi, 2022).

Desde esta perspectiva, la presencia británica en el Atlántico Sur no puede comprenderse únicamente como una cuestión histórica vinculada a la disputa de soberanía por las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur. También debe analizarse como parte de una estrategia más amplia de proyección marítima, control territorial de facto y posicionamiento geopolítico sobre una región clave para las Américas.

Por ello, estudiar la estrategia marítima británica resulta fundamental para comprender las dinámicas de poder presentes en el Atlántico Sur y sus implicancias para la soberanía nacional argentina. La militarización de las Islas Malvinas constituye, en este sentido, un elemento central para analizar cómo el Reino Unido sostiene su presencia en territorios cuya soberanía es reclamada legítimamente por la República Argentina.

Los océanos como espacio de competencia estratégica

Históricamente, el control del mar ha sido un elemento central del poder internacional. Desde fines del siglo XIX, pensadores como Alfred Thayer Mahan sostuvieron que la supremacía naval constituía una condición fundamental para el desarrollo y la influencia global de los Estados. Según Mahan (1890), las potencias capaces de controlar rutas marítimas, sostener flotas navales poderosas y garantizar su acceso a los principales circuitos comerciales adquieren ventajas decisivas en términos económicos, militares y estratégicos.

En la actualidad, esta lógica mantiene plena vigencia. Una parte mayoritaria del comercio mundial se transporta por vía marítima, lo que convierte a los océanos en arterias fundamentales de la economía global. Al mismo tiempo, el aumento de la demanda de recursos energéticos, minerales, pesqueros y alimentarios ha intensificado el interés de las potencias por los espacios marítimos y por las regiones con alto valor geopolítico.

En este contexto, el Atlántico Sur adquiere una relevancia particular. En primer lugar, constituye una vía alternativa para el comercio interoceánico a través de pasos estratégicos como el Estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos. En segundo lugar, posee importantes recursos pesqueros e hidrocarburíferos. Finalmente, su proximidad al continente antártico le otorga un valor adicional en términos científicos, logísticos, ambientales y geopolíticos.

Desde la perspectiva argentina, esta centralidad del Atlántico Sur no puede separarse de la Cuestión Malvinas. La presencia británica en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur permite al Reino Unido sostener una posición estratégica en una región clave, proyectar poder sobre el espacio marítimo circundante y reforzar su influencia hacia la Antártida. Por ello, el análisis del Atlántico Sur no debe limitarse a su importancia económica o comercial, sino que también debe considerar su dimensión política, militar y soberana.

Como sostiene González Levaggi (2022), el Atlántico Sur se ha transformado progresivamente en un espacio donde confluyen intereses estratégicos globales, particularmente en relación con la proyección de poder de potencias extrarregionales. En ese escenario, la militarización británica ilícita de las Islas Malvinas constituye un factor relevante para comprender las tensiones geopolíticas de la región y los desafíos que enfrenta la Argentina en la defensa de sus intereses nacionales.

Gran estrategia y dimensión marítima

La estrategia marítima debe entenderse como parte de la gran estrategia de los Estados. Esta última puede definirse como la articulación de recursos políticos, diplomáticos, económicos, militares y tecnológicos orientados a alcanzar objetivos nacionales de largo plazo en el sistema internacional. En este sentido, la política marítima no se limita al uso de fuerzas navales, sino que forma parte de una visión más amplia sobre la defensa, el comercio, el acceso a recursos naturales y la proyección internacional de un Estado.

Desde una perspectiva clásica, Carl von Clausewitz definía la estrategia como el uso del combate para alcanzar los fines de la guerra (Clausewitz, 1832). Sin embargo, los enfoques contemporáneos ampliaron esta concepción al considerar que la estrategia no se reduce al plano militar, sino que también involucra instrumentos diplomáticos, económicos, tecnológicos e informacionales. Por ello, la gran estrategia permite comprender cómo los Estados combinan diferentes medios para sostener sus intereses en escenarios de competencia internacional.

En el ámbito marítimo, el estratega británico Julian Corbett destacó que el control del mar no implica necesariamente dominar físicamente todo el espacio marítimo, sino garantizar la libertad de acción propia y restringir la del adversario (Corbett, 1911). Esta idea resulta especialmente relevante para analizar la presencia británica en el Atlántico Sur, ya que el Reino Unido no necesita controlar cada punto del océano para proyectar poder regional: le alcanza con sostener posiciones estratégicas, bases militares, rutas de abastecimiento y capacidades de vigilancia.

De manera similar, B. H. Liddell Hart sostuvo que la gran estrategia debe coordinar todos los recursos de una nación (militares y no militares) para alcanzar objetivos políticos de largo plazo (Liddell Hart, 1967). Desde esta perspectiva, la presencia británica en las Islas Malvinas no puede interpretarse únicamente como una cuestión defensiva o territorial, sino como parte de una arquitectura estratégica más amplia, vinculada al Atlántico Sur, la Antártida, los recursos naturales y las rutas marítimas.

Estas ideas resultan especialmente importantes para comprender la estrategia británica, ya que el Reino Unido construyó históricamente buena parte de su poder internacional sobre la base del dominio marítimo. Durante los siglos XVIII y XIX, la Royal Navy permitió a Londres consolidar uno de los imperios más extensos de la historia y asegurar posiciones clave en distintos océanos. Aunque el contexto internacional actual es diferente, la dimensión marítima continúa siendo un componente central de la política exterior y de defensa británica.

En consecuencia, el análisis de la estrategia marítima británica permite comprender que la presencia del Reino Unido en el Atlántico Sur no responde solamente a razones históricas, sino también a intereses geopolíticos actuales. Para la Argentina, esta cuestión adquiere una importancia central, porque la militarización de las Islas Malvinas se desarrolla en territorios cuya soberanía reclama legítimamente y en una región considerada estratégica para su desarrollo, su defensa y su proyección antártica.

El Atlántico Sur en la estrategia británica

El Reino Unido mantiene una presencia estratégica en el Atlántico Sur a partir del control de facto de diversos territorios insulares cuya soberanía es reclamada por la República Argentina, entre ellos las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur. Estos territorios funcionan, desde la perspectiva británica, como nodos logísticos, militares y geopolíticos que permiten proyectar poder sobre una amplia región del océano.

En particular, la presencia militar británica en las Islas Malvinas constituye uno de los dispositivos estratégicos más relevantes del hemisferio sur. Allí se despliega una guarnición permanente, capacidades aeronavales y unidades navales integradas en el esquema de patrullaje conocido como Atlantic Patrol Tasking South. Desde la perspectiva argentina, este despliegue representa una forma de militarización en territorios disputados y constituye un factor de tensión dentro del Atlántico Sur.

En este sentido, la ocupación británica de las Islas Malvinas no puede analizarse únicamente como una consecuencia histórica del conflicto de soberanía, sino como parte de una estrategia marítima más amplia. La presencia militar en el archipiélago permite al Reino Unido sostener una posición avanzada en el Atlántico Sur, vigilar rutas marítimas, proyectar influencia hacia la Antártida y reforzar su capacidad de intervención en una región estratégica.

Este despliegue evidencia que el Atlántico Sur ya no puede considerarse simplemente como un “océano de paz”, sino como un espacio atravesado por dinámicas de competencia estratégica global. La presencia de una potencia extrarregional con capacidades militares permanentes en las Islas Malvinas introduce una dimensión geopolítica que afecta directamente los intereses soberanos, marítimos y antárticos de la República Argentina.

Según González Levaggi (2022), el conflicto por las Islas Malvinas configura una situación de equilibrio inestable entre una posición británica orientada a preservar el statu quo y una posición argentina orientada a recuperar el ejercicio pleno de la soberanía por medios pacíficos y diplomáticos.

Por lo tanto, comprender el lugar que ocupan las Islas Malvinas dentro de la estrategia británica permite dimensionar la importancia de la Cuestión Malvinas para la Argentina. No se trata solamente de un reclamo territorial histórico, sino de una cuestión central para la defensa nacional, el control de los espacios marítimos, la política antártica y el desarrollo de una estrategia soberana en el Atlántico Sur.

Brexit y la doctrina de “Global Britain”

En relación con este proceso, el referéndum de 2016 que condujo al Brexit representó un punto de inflexión en la política exterior británica. La salida del Reino Unido de la Unión Europea obligó a Londres a redefinir su estrategia internacional, su inserción económica y su posicionamiento geopolítico en un escenario global cada vez más competitivo.

En este contexto, emergió la doctrina conocida como “Global Britain”. Este concepto puede definirse como una orientación estratégica mediante la cual el Reino Unido busca sostener su influencia internacional más allá del espacio europeo, fortaleciendo sus alianzas políticas, comerciales, militares y tecnológicas a escala global. No se trata solamente de una consigna diplomática, sino de una forma de reorganizar la política exterior británica después del Brexit.

Desde esta perspectiva, la dimensión marítima ocupa un lugar central. Históricamente, el poder británico estuvo asociado al dominio naval, al control de rutas marítimas y a la posesión de enclaves estratégicos en distintos océanos. Por ello, la idea de “Global Britain” recupera elementos tradicionales de la política exterior británica, pero los adapta a un contexto contemporáneo marcado por la competencia entre potencias, la disputa por recursos y la importancia creciente de los espacios marítimos.

En este marco, la Royal Navy adquiere un papel fundamental como instrumento de proyección global. Como señala Cosso (2024), la Armada Real Británica fue una institución central en la construcción del poder imperial británico y continúa funcionando como una herramienta clave para sostener la presencia internacional del Reino Unido. Su modernización, por lo tanto, no responde únicamente a necesidades defensivas, sino también al objetivo de preservar capacidades de intervención, vigilancia y proyección estratégica.

Siguiendo esta línea, la estrategia británica contemporánea combina su relación privilegiada con Estados Unidos y la OTAN con el fortalecimiento de alianzas históricas con países como Australia, Canadá y Nueva Zelanda. Un ejemplo de esta cooperación es la red de inteligencia Five Eyes, que permite articular capacidades de información, vigilancia y coordinación estratégica entre países anglosajones.

En este escenario, el Atlántico Sur conserva una importancia particular. La presencia británica en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur permite al Reino Unido sostener una posición estratégica en una región clave para la conexión interoceánica, el acceso a recursos naturales y la proyección hacia la Antártida. Desde la perspectiva argentina, esta presencia debe ser interpretada como parte de una política más amplia de ocupación, militarización y proyección de poder sobre territorios cuya soberanía es reclamada por la República Argentina.

Por lo tanto, la doctrina de “Global Britain” no puede analizarse separadamente de la Cuestión Malvinas. Si el Reino Unido busca proyectarse como actor global mediante el fortalecimiento de su poder marítimo, entonces el Atlántico Sur y las Islas Malvinas ocupan un lugar relevante dentro de esa estrategia. Para la Argentina, comprender este vínculo resulta fundamental para evaluar los desafíos que plantea la presencia británica en la región y para fortalecer una política soberana sobre el Atlántico Sur.

La Royal Navy como instrumento de proyección global

En relación con este proceso, la Royal Navy continúa siendo uno de los principales instrumentos de proyección estratégica del Reino Unido. Aunque el poder británico ya no posee la misma escala que durante su etapa imperial, la dimensión naval sigue ocupando un lugar central en su política exterior y de defensa. Esto se debe a que el Reino Unido conserva intereses distribuidos en distintas regiones del mundo y necesita sostener capacidades militares que le permitan actuar más allá de su territorio inmediato.

Siguiendo esta línea, Londres ha impulsado en las últimas décadas un proceso de modernización naval orientado a recuperar y fortalecer capacidades de proyección global. Un elemento central de esta estrategia es la incorporación de los portaaviones de la clase Queen Elizabeth, capaces de operar aviones F-35 de quinta generación y de sostener operaciones aeronavales a grandes distancias. Estas capacidades permiten al Reino Unido intervenir en distintos escenarios marítimos y reforzar su presencia en regiones consideradas estratégicas.

En este sentido, la Royal Navy no debe analizarse únicamente como una fuerza defensiva, sino como una herramienta de presencia internacional, disuasión, vigilancia y proyección de poder. De acuerdo con Cosso (2024), la estrategia naval británica busca desarrollar fuerzas expedicionarias capaces de operar en distintos teatros marítimos, desde el Indo-Pacífico hasta el Atlántico Sur. Esta orientación confirma que el Reino Unido procura sostener una capacidad de acción global mediante instrumentos militares, tecnológicos y logísticos.

No obstante, el Reino Unido enfrenta limitaciones estructurales derivadas de la reducción relativa de su poder desde mediados del siglo XX. Por ello, su estrategia marítima se apoya cada vez más en redes de cooperación militar con aliados. La interoperabilidad con las armadas de Estados Unidos, Canadá y Australia permite ampliar significativamente el alcance operativo de la Royal Navy, compensando parcialmente las restricciones materiales de una potencia que ya no puede sostener sola el despliegue global que tuvo en el pasado.

Abordando ahora su impacto regional, esta estrategia naval adquiere especial relevancia para el Atlántico Sur. La presencia británica en las Islas Malvinas se articula con una arquitectura militar más amplia, que incluye capacidades aéreas, navales, logísticas, de vigilancia e inteligencia. Desde la perspectiva argentina, esta presencia constituye un factor de militarización en territorios cuya soberanía es reclamada por la República Argentina y representa un desafío para la construcción de una política marítima soberana.

Asimismo, la coordinación tecnológica y doctrinaria entre las fuerzas navales británicas y sus aliados refuerza la capacidad del Reino Unido para sostener posiciones estratégicas en regiones alejadas de Europa. Como señala Cosso (2024), plataformas como los aviones P-8 Poseidon, los cazas F-35 y las fragatas Tipo 26 reflejan un proceso de creciente integración estratégica entre los países anglosajones. En el caso del Atlántico Sur, esta integración fortalece la capacidad británica de vigilancia, control y proyección sobre una región clave para los intereses argentinos.

Por lo tanto, la Royal Navy debe comprenderse como una herramienta central dentro de la estrategia marítima británica contemporánea. Su modernización y su articulación con aliados permiten al Reino Unido sostener presencia en espacios estratégicos como el Atlántico Sur, reforzando el control de facto sobre las Islas Malvinas y proyectando influencia hacia el espacio marítimo circundante y la Antártida. Para la Argentina, analizar este despliegue resulta indispensable para comprender las condiciones geopolíticas en las que se desarrolla la Cuestión Malvinas en el siglo XXI.

Cooperación estratégica y proyección marítima

En relación con lo anterior, la cooperación militar constituye un elemento clave de la estrategia marítima británica contemporánea. En un contexto de recursos limitados y de reducción relativa de su poder global, el Reino Unido busca multiplicar su capacidad de acción mediante alianzas estratégicas, acuerdos de defensa, interoperabilidad tecnológica y coordinación con otras potencias occidentales.

Siguiendo esta línea, Londres procura sostener una presencia global sin depender exclusivamente de sus propios medios militares. Para ello, articula su política de defensa con Estados Unidos, la OTAN y socios históricos como Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Esta red de cooperación permite ampliar el alcance operativo británico, compartir información estratégica, coordinar despliegues navales y sostener presencia en regiones alejadas del territorio europeo.

Abordando ahora su dimensión marítima, esta lógica se vincula con la idea de una red global de marinas aliadas, similar al concepto de la Thousand Ship Navy promovido por la Marina de los Estados Unidos. Esta noción supone que una potencia puede fortalecer su presencia internacional no solo mediante el despliegue directo de sus propias fuerzas, sino también a través de la coordinación permanente con armadas aliadas que comparten objetivos estratégicos, doctrinas operativas y capacidades tecnológicas.

En este marco, el Atlántico Sur continúa ocupando un lugar relevante dentro de la arquitectura estratégica británica. La presencia militar en las Islas Malvinas no funciona de manera aislada, sino que se integra en una red más amplia de cooperación, vigilancia, inteligencia y proyección marítima. Por ello, el despliegue británico en el archipiélago debe analizarse como parte de una estrategia global, y no únicamente como una consecuencia local de la disputa de soberanía.

Desde la perspectiva argentina, esta situación adquiere especial importancia porque la militarización británica se desarrolla en territorios cuya soberanía es reclamada por la República Argentina. La presencia de capacidades militares, logísticas y de vigilancia en las Islas Malvinas permite al Reino Unido proyectar influencia sobre el Atlántico Sur, controlar espacios marítimos estratégicos y fortalecer su posición hacia el continente antártico.

Asimismo, la cooperación con aliados potencia la capacidad británica de sostener su presencia en la región. Aunque el Reino Unido no posee actualmente el mismo poder material que durante su etapa imperial, su inserción en redes militares occidentales le permite conservar una influencia significativa en espacios estratégicos. En el Atlántico Sur, esta combinación entre presencia territorial de facto, capacidades militares y alianzas internacionales refuerza la posición británica frente al reclamo argentino.

Por lo tanto, la cooperación estratégica no debe entenderse como un aspecto secundario de la política marítima británica. Por el contrario, constituye una condición central para que el Reino Unido pueda sostener su proyección global y preservar posiciones clave en regiones como el Atlántico Sur. Para la Argentina, comprender esta arquitectura de alianzas resulta indispensable para desarrollar una política marítima, diplomática y de defensa acorde con los desafíos actuales de la Cuestión Malvinas.

Reflexiones finales

El análisis de la estrategia marítima británica en el Atlántico Sur permite comprender cómo una potencia naval histórica busca preservar su influencia en un sistema internacional cada vez más competitivo. A pesar de los cambios en la distribución global del poder, el Reino Unido continúa apoyándose en su tradición marítima, en su red de alianzas estratégicas y en la capacidad de proyección de la Royal Navy para sostener posiciones estratégicas en distintos océanos.

En este marco, el Atlántico Sur ocupa un lugar relevante dentro de la estrategia global británica. La presencia militar en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur no debe interpretarse como un hecho aislado, sino como parte de una política más amplia de control territorial de facto, proyección marítima, vigilancia regional e influencia hacia el continente antártico.

Desde la perspectiva argentina, esta situación adquiere una importancia central. La militarización británica en las Islas Malvinas se desarrolla en territorios cuya soberanía es reclamada legítimamente por la República Argentina y constituye un desafío para la defensa nacional, la política exterior, la estrategia marítima y la proyección antártica del país.

Por ello, estudiar la estrategia marítima británica no implica aceptar sus fundamentos, sino comprender las formas concretas mediante las cuales el Reino Unido sostiene su presencia en el Atlántico Sur. En este sentido, el conocimiento estratégico resulta indispensable para fortalecer la posición argentina y evitar que la Cuestión Malvinas sea reducida únicamente a una memoria histórica o a una consigna diplomática.

En relación con esto, resulta pertinente recuperar las reflexiones del almirante Segundo R. Storni, quien advertía ya a comienzos del siglo XX sobre la importancia estratégica del mar para el desarrollo nacional. Según Storni (1916), la escuadra argentina debía garantizar la defensa de los intereses nacionales en el mar, los cuales crecerían inevitablemente junto con el desarrollo del país.

Siguiendo esta línea, el desafío para la Argentina consiste en fortalecer una verdadera conciencia marítima que articule defensa, desarrollo económico, investigación científica, política antártica y soberanía nacional. La Cuestión Malvinas, en este sentido, no puede separarse de una mirada integral sobre el Atlántico Sur.

En conclusión, la estrategia marítima británica en el Atlántico Sur demuestra que las Islas Malvinas no tienen solamente un valor simbólico o histórico, sino también una importancia geopolítica concreta. Comprender esa dimensión permite afirmar que el reclamo argentino de soberanía no pertenece únicamente al pasado, sino que forma parte de los desafíos estratégicos del presente y del futuro nacional.

Bibliografía

Clausewitz, C. von. (1832). On war. Princeton University Press.

Corbett, J. S. (1911). Some principles of maritime strategy. Longmans.

Cosso, M. A. (2024). Royal Navy 2.0: punta de lanza para una “Gran Bretaña Global”. Buenos Aires.

González Levaggi, A. (2022). Atlántico Sur y competencia estratégica global. Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales.

Liddell Hart, B. H. (1967). Strategy. Faber & Faber.

Mahan, A. T. (1890). The influence of sea power upon history, 1660–1783. Little, Brown and Company.

Royal Navy. (2011). Vision of the Future Navy: Today, tomorrow and towards Asia 2025. UK Ministry of Defence.

Storni, S. R. (1916). Intereses argentinos en el mar. Instituto de Publicaciones Navales.

UK Ministry of Defence. (2021). Global Britain in a competitive age: The integrated review of security, defence, development and foreign policy.

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